Treinta años de peajes merecen treinta años continuos de obras
Intervención ciudadana ante la Asamblea Departamental del Quindío
1era Parte
Treinta años de peajes merecen treinta
años de obras
Honorables diputados, autoridades, representantes
de la ANI, dirigentes regionales y ciudadanos:
Comparezco en nombre de la Veeduría Cívica
Armenia y Quindío para plantear una posición sencilla, pero decisiva:
El rechazo de la IP Conexión Centro no
puede significar que el Quindío renuncie a las obras que necesita. Debe
significar que la región exija una concesión mejor estructurada, más
transparente y verdaderamente proporcional al dinero que producirán los peajes.
Durante casi treinta años hemos financiado el
corredor La Paila–Armenia–Pereira–Manizales. Sin embargo, todavía no
tenemos una autopista continua. Persisten cuellos de botella, accesos
inseguros, cruces a nivel, tramos urbanos congestionados, problemas geológicos
y conexiones incompletas.
La propia revisión contractual muestra que el
Contrato 0113 fue modificado mediante 28 otrosíes. Algunas obras fueron
aplazadas, sustituidas o eliminadas. Entre las actuaciones que quedaron
condicionadas o fueron desafectadas aparecen el túnel de Santa Rosa, terceros
carriles, la segunda calzada de la Avenida del Ferrocarril y la rehabilitación La
Paila–Calarcá. También quedaron estudios que no necesariamente se
convirtieron en obras, como los accesos a Filandia, La Tebaida y El Caimo.
Por eso, antes de entregar nuevamente este corredor
durante otros treinta años, debemos hacer una pregunta:
¿Qué recibirá realmente el Quindío a
cambio de seguir pagando peajes hasta el año 2057?
Las cifras que la región debe conocer
La IP Conexión Centro fue anunciada con un valor
global de $5,18 billones.
Sin embargo, nuestra auditoría identificó
inversiones directas soportadas en la documentación pública por aproximadamente
$2,58 billones. La composición de la diferencia no puede reconstruirse
plenamente porque no se publicó el modelo financiero integral, el CAPEX
desagregado, el OPEX, el flujo de caja, el VPN, la TIR ni el WACC del proyecto.
La calificación comparativa de transparencia elaborada por la Veeduría fue de 84
sobre 100 para la APP Bicentenario, pero apenas 36 sobre 100 para la IP
Conexión Centro.
Y existe una cifra todavía más importante:
Los siete peajes existentes podrían
producir, según la estimación financiera de la Veeduría, aproximadamente $40,8
billones nominales en treinta años, equivalentes a un promedio cercano a $1,36
billones por año.
Esto no significa que todo ese dinero sea utilidad.
Deben pagarse operación, mantenimiento, impuestos, deuda, reposiciones y
riesgos. Pero sí demuestra que el verdadero activo económico de la concesión no
son solamente las obras: es el derecho a explotar durante treinta años el flujo
de siete peajes que ya existen, ya funcionan y ya tienen usuarios.
Aplicando como referencia el WACC del 8,86 %
utilizado en el estudio del IDU, el valor presente bruto estimado de esos
recaudos sería cercano a $14,2 billones.
En un escenario central, después de reservar
recursos para operación, mantenimiento, reposiciones, administración e
impuestos, la capacidad económica del corredor podría soportar inversiones
cercanas a $6,37 billones.
Eso significa que podrían existir aproximadamente $3,78
billones adicionales en obras, frente a los cerca de $2,58 billones
identificados.
Por eso nuestra propuesta es clara:
No aceptar una nueva concesión de
treinta años con inversiones mínimas. La región debe exigir un programa total
de obras entre $6 y $6,5 billones, sujeto naturalmente a la publicación y
auditoría del modelo financiero oficial.
Porque si la inversión permaneciera limitada a
$2,58 billones, nuestro ejercicio central indica que los peajes podrían
reducirse aproximadamente en un 74 %, conservando treinta años de
operación y una remuneración de referencia del 8,86 %.
Entonces solamente existen dos alternativas justas:
o se reducen sustancialmente los
peajes, o se incrementan sustancialmente las obras.
Lo que no resulta aceptable es mantener siete
peajes, tarifas cercanas a las actuales, treinta años de concesión y una
inversión insuficiente para transformar el territorio.
Las obras que necesita el Quindío
El Quindío no puede volver a ser tratado como un
simple territorio de paso entre Pereira, La Línea y La Paila.
Somos el corazón del corredor. Soportamos el
tránsito nacional, el transporte pesado, la presión turística y los impactos
ambientales y urbanos. Por eso reclamamos un paquete integral y verificable de
obras.
Primera: conexión
Armenia–Circasia–Pereira
La conexión hacia Pereira debe convertirse en una
verdadera autopista continua, segura y metropolitana.
Se requiere:
- terminar
completamente la doble calzada y eliminar cualquier reducción de
capacidad;
- resolver
los cuellos de botella y los cruces peligrosos;
- construir
intercambiadores y retornos a desnivel;
- establecer
vías de servicio para separar el tránsito local del tránsito nacional;
- garantizar
bermas continuas y zonas de emergencia;
- ejecutar
accesos seguros a Circasia, Filandia y Salento;
- construir
infraestructura peatonal y ciclorrutas segregadas donde sean viables;
- estabilizar
taludes, modernizar drenajes y atender definitivamente los puntos de
pérdida de banca;
- incorporar
pasos de fauna, restauración ambiental y sistemas inteligentes de
transporte.
Circasia no puede continuar soportando el impacto
del corredor y del peaje sin recibir una solución vial integral. El tramo Pereira–Circasia–Armenia
debe ser reconocido como una unidad funcional prioritaria y no como una suma de
intervenciones menores.
Segunda: solución metropolitana para
Armenia
Armenia no puede seguir siendo el paso obligado del
tránsito nacional y pesado.
La nueva estructuración debe estudiar y ejecutar
una gran variante metropolitana norte–sur, que retire de la ciudad los
flujos que no tienen como destino Armenia.
Esta variante debe articular la llegada desde
Pereira con las salidas hacia Calarcá, La Línea, El Edén, La Tebaida y La
Paila.
Además, deben resolverse mediante intercambiadores
a desnivel los principales nodos urbanos y suburbanos, eliminando semáforos y
cruces directos sobre el corredor nacional.
No necesitamos ampliar indefinidamente avenidas
urbanas para que las atraviesen tractocamiones.
Necesitamos separar la movilidad nacional de la
movilidad cotidiana de los habitantes.
Tercera: conexión Armenia–Calarcá–La
Línea
Debe consolidarse una conexión expresa, resiliente
y segura entre Armenia, Calarcá y el corredor de La Línea.
Esto implica:
- culminar
la variante de Calarcá;
- mejorar
las conexiones con el corredor Bogotá–Buenaventura;
- construir
intercambiadores completos;
- eliminar
cruces a nivel;
- garantizar
accesos seguros a Calarcá y sus centros poblados;
- intervenir
integralmente los puntos geológicos y sísmicos críticos;
- disponer
de rutas alternativas para emergencias y cierres.
La infraestructura debe diseñarse con las nuevas
condiciones de riesgo sísmico, geotécnico y climático del departamento, y no
con parámetros de hace treinta años.
Cuarta: rehabilitación integral
Calarcá–La Paila
La rehabilitación La Paila–Calarcá, que ya
aparecía entre las actuaciones históricamente condicionadas, debe regresar al
centro de la nueva estructuración.
No basta con mantenimiento superficial.
Necesitamos:
- rehabilitación
estructural completa del pavimento;
- doble
calzada continua en los sectores técnicamente requeridos;
- rectificación
de curvas y mejoramiento geométrico;
- ampliación
de bermas;
- nuevos
puentes y reforzamiento de los existentes;
- solución
definitiva de puntos de pérdida de banca;
- drenajes
de alta capacidad;
- estabilización
profunda de taludes;
- áreas de
descanso y emergencia para transporte pesado;
- intersecciones
seguras hacia Barcelona, Río Verde, Barragán, Caicedonia y los municipios
cordilleranos.
Este tramo es esencial para la conexión del Quindío
con el Valle del Cauca, Buenaventura y el suroccidente del país.
Quinta: corredor logístico El Edén–La
Tebaida–Zona Franca–Calarcá
El Aeropuerto Internacional El Edén y la Zona
Franca no pueden seguir conectados mediante una infraestructura fragmentada.
Se necesita un verdadero corredor logístico que
articule:
La Tebaida, El Edén, la Zona Franca,
Armenia, Calarcá y La Línea, con accesos segregados para pasajeros y carga,
intercambiadores a desnivel, plataformas de transferencia y conexión futura con
el sistema férreo del Valle.
El Quindío debe dejar de ser un corredor pasivo de
camiones y convertirse en un nodo logístico que genere empleo, valor agregado y
oportunidades para sus municipios.
Nuestra solicitud concreta
Honorables diputados:
Solicitamos que la Asamblea Departamental adopte
una posición institucional y regional alrededor de cinco exigencias:
Primera: que la ANI
publique el modelo financiero completo de cualquier nueva concesión: CAPEX,
OPEX, VPN, TIR, WACC, flujo de caja, matriz de riesgos y presupuesto por obra.
Segunda: que se realice
el cierre técnico, financiero y patrimonial del Contrato 0113, identificando
qué obras fueron ejecutadas, modificadas, sustituidas, eliminadas o quedaron
solamente en estudios.
Tercera: que el Quindío
tenga una matriz pública de inversiones por municipio y unidad funcional.
Cuarta: que la nueva
estructuración contemple inversiones totales cercanas a $6–$6,5 billones,
siempre sujetas a la validación del modelo financiero oficial, y que una
participación sustancial se destine a las conexiones Pereira–Circasia–Armenia
y Armenia–Calarcá–La Paila.
Quinta: que si se
mantiene una inversión de apenas $2,58 billones, se estudie una reducción
sustancial de las tarifas y del plazo concesional, porque no sería razonable
entregar durante treinta años el flujo completo de siete peajes sin una
contraprestación territorial proporcional.
Cierre
El Quindío no está pidiendo privilegios.
Está exigiendo correspondencia entre lo que paga y
lo que recibe.
Después de casi treinta años no podemos aceptar
otra carretera incompleta, otra suma de obras aisladas ni otra concesión cuyo
principal resultado sea prolongar los peajes.
Esta vez debemos decidir entre administrar el
pasado o construir el futuro.
Entre seguir siendo un territorio de paso o
convertirnos en el corazón logístico, turístico y ambiental del Eje Cafetero.
Entre entregar siete peajes para financiar
intervenciones parciales o utilizarlos para construir la infraestructura que la
región necesita durante los próximos cincuenta años.
Honorables diputados:
Treinta años de peajes merecen treinta
años de transparencia.
Treinta años de peajes merecen equidad
para el Quindío.
Y, sobre todo:
Treinta años de peajes merecen treinta
años de obras.
2da PARTE DE LA PONENCIA
Una nueva concesión originada por el
territorio, con inversión suficiente, participación privada y excedentes
públicos
Honorables diputados, autoridades departamentales y
municipales, representantes de los gremios, organizaciones sociales y
ciudadanos:
En la primera parte de esta intervención expusimos
que el rechazo de la iniciativa privada denominada Conexión Centro no
puede interpretarse como el rechazo a las obras que necesita el Eje Cafetero.
Por el contrario, ese rechazo debe convertirse en
una oportunidad para estructurar una propuesta mejor: más ambiciosa en sus
inversiones, más transparente en su modelo financiero y, sobre todo,
subordinada a las necesidades del territorio.
La discusión no consiste únicamente en determinar
quién operará la carretera durante los próximos treinta años. Estamos
decidiendo quién controlará uno de los activos económicos más importantes de la
región: el recaudo futuro de siete peajes consolidados, ubicados sobre un
corredor estratégico que conecta el centro del país, el Eje Cafetero y el
puerto de Buenaventura.
1. El corredor podría soportar una
inversión física muy superior
Los ejercicios financieros inicialmente realizados
por la Veeduría mostraron que la inversión cercana a $2,58 billones,
identificada dentro de la propuesta rechazada, resultaba claramente
insuficiente frente al plazo de treinta años, el tráfico consolidado y la
capacidad de recaudo del corredor.
Los análisis comparativos y financieros posteriores
permiten plantear una conclusión más ambiciosa:
La nueva estructuración debería
estudiar seriamente una capacidad de inversión física aproximada de entre $7 y
$10 billones.
No presentamos esta cifra como un resultado oficial
ni definitivo. La presentamos como un rango técnicamente razonable que debe ser
validado mediante el modelo financiero integral que elaboren la ANI, el
Ministerio de Transporte y un estructurador independiente.
El límite inferior, cercano a $7 billones,
corresponde a una meta concesional prudente, compatible con una transformación
sustancial del corredor y con la necesidad de cubrir, además de las obras, la
operación, el mantenimiento, las reposiciones, los impuestos, la financiación y
una rentabilidad privada razonable.
El escenario superior, cercano a $10 billones de
inversión física, podría resultar viable si concurren condiciones como:
·
una
demanda vehicular superior a la estimada inicialmente;
·
menores
costos financieros;
·
una
adecuada distribución de riesgos;
·
aportes
públicos nacionales o territoriales;
·
nuevas
fuentes de ingreso;
·
aprovechamientos
comerciales y logísticos;
·
reinversión
obligatoria de sobreingresos;
·
y
una remuneración privada limitada, competitiva y transparente.
Por eso no debemos caer en dos extremos.
El primer extremo sería aceptar que la región solo
puede aspirar a los aproximadamente $2,58 billones planteados en la
propuesta rechazada.
El segundo sería afirmar, sin modelo financiero,
que los peajes pueden financiar por sí solos cualquier suma.
La posición responsable consiste en exigir una
estructuración abierta que determine cuánto puede financiar efectivamente el
corredor y qué aportes adicionales se requieren para alcanzar el nivel de
infraestructura que necesita la región.
2. Comparativo de concesiones viales
La comparación con otros proyectos nacionales
demuestra que una inversión cercana a $7, $8, $9 o incluso $10 billones
no es una aspiración desproporcionada cuando existen necesidades de
infraestructura complejas y estratégicas.
El proyecto El Estanquillo–Popayán,
recientemente adjudicado en el Cauca, fue anunciado con una inversión cercana a
$8,8 billones para intervenir aproximadamente 101 kilómetros, incluyendo
más de 60 kilómetros de doble calzada, 14 túneles y más de 100 puentes.
El proyecto Buga–Loboguerrero–Buenaventura,
perteneciente al mismo gran corredor hacia el puerto del Pacífico, contempla
inversiones de varios billones de pesos, separando claramente los recursos
destinados a construcción de aquellos requeridos para operación y
mantenimiento.
La concesión Accesos Norte Fase II, pese a
comprender una longitud comparativamente pequeña, presenta una inversión
elevada debido a la complejidad urbana, predial y técnica de sus obras.
La Nueva Malla Vial del Valle del Cauca
demuestra, por su parte, que una concesión puede abarcar extensas redes
existentes, combinando construcción, mejoramiento, rehabilitación, operación y
mantenimiento.
Pacífico 1, Pacífico 2 y Pacífico 3 también
evidencian que las obras en topografía montañosa, con túneles, viaductos,
dobles calzadas, estabilización de taludes y variantes urbanas, requieren
inversiones muy superiores a una simple conservación vial.
Estos proyectos no son idénticos a Conexión Centro
y no deben compararse de manera mecánica. Cada uno tiene longitudes, riesgos,
topografías, tráficos y estructuras financieras diferentes.
Sin embargo, el comparativo permite extraer una
conclusión contundente:
El valor de una concesión no depende
únicamente del número de kilómetros. Depende de la complejidad de las obras,
del tráfico, del recaudo, de la geología, de los riesgos, de los predios, de
los componentes urbanos y del alcance territorial que el Estado decida
incorporar.
Por eso resulta equivocado reducir el futuro del
corredor La Paila–Armenia–Pereira–Manizales a una simple intervención de
mantenimiento o a unas pocas obras aisladas.
Aquí no estamos hablando de una carretera
secundaria.
Estamos hablando del eje que conecta:
·
el
puerto de Buenaventura;
·
el
Valle del Cauca;
·
el
Quindío;
·
Risaralda;
·
Caldas;
·
el
centro del país;
·
zonas
francas;
·
aeropuertos;
·
centros
logísticos;
·
áreas
turísticas;
·
y
ciudades que ya funcionan como un sistema regional interdependiente.
Si la Nación fue capaz de estructurar en el Cauca
un proyecto cercano a $8,8 billones, también debe explicar por qué el
corredor del Eje Cafetero, respaldado por siete peajes existentes y un tráfico
consolidado, tendría que conformarse con una inversión sustancialmente menor.
3. Obras que justificarían una
inversión entre $7 y $10 billones
Una cifra de esta magnitud solamente tiene sentido
si corresponde a un verdadero Plan Maestro Regional y no a una nueva
concesión limitada.
El programa debería incorporar, como mínimo:
Pereira–Circasia–Armenia
La culminación integral de la doble calzada, con
soluciones seguras para los accesos a Circasia, Filandia, Salento y las zonas
rurales.
No basta con ampliar carriles. Se requieren
intercambiadores, retornos seguros, vías de servicio, puentes peatonales,
estabilización de taludes y protección de las comunidades atravesadas por la
vía.
Variante metropolitana de Armenia
Armenia necesita una solución estructural que evite
que el tráfico regional y de carga siga atravesando la ciudad y agravando la
congestión de sus corredores urbanos.
Por lo que se ha denominado Avenida Guayanes y Perimetral del Café.
Armenia–La María-Calarcá–La Línea
Deben mejorarse las conexiones entre Armenia,
Calarcá y el corredor nacional hacia La Línea, incorporando soluciones para el
tráfico pesado, la movilidad urbana y la seguridad vial.
Calarcá–La Paila
Este tramo requiere rehabilitación estructural,
intervención de puntos críticos, mejoramiento de intersecciones y una conexión
más eficiente con el Valle del Cauca.
Corredor logístico El Edén–Zona
Franca–La Tebaida–Calarcá
La infraestructura vial debe articular el
aeropuerto El Edén, la Zona Franca, los centros logísticos y el corredor
nacional, sin trasladar todos los impactos a las comunidades de La Tebaida y el
sur de Armenia.
Obras ambientales y sociales
La nueva estructuración debe incluir:
·
manejo
de aguas;
·
restauración
de áreas intervenidas;
·
protección
de cuencas;
·
pasos
de fauna;
·
mitigación
del ruido;
·
seguridad
peatonal;
·
infraestructura
ciclista;
·
reducción
de emisiones;
·
y
compensaciones territoriales verificables.
Una inversión de $7 a $10 billones no puede
convertirse únicamente en más pavimento. Debe resolver integralmente los
problemas de movilidad, seguridad, conectividad, sostenibilidad y calidad de
vida del territorio.
4. La propuesta final: una iniciativa
pública regional
La principal conclusión de esta Auditoría Ciudadana
es que los departamentos y municipios no deben quedarse esperando una nueva
iniciativa privada.
Los gobernadores y alcaldes de los territorios
atravesados por la vía deben asumir el liderazgo y promover una:
Iniciativa pública regional para la
nueva concesión del corredor La Paila–Armenia–Pereira–Manizales.
Esta propuesta debe construirse conjuntamente con:
·
las
gobernaciones de Quindío, Risaralda, Caldas y Valle del Cauca;
·
los
alcaldes de los municipios del corredor;
·
la
RAP Eje Cafetero;
·
el
Ministerio de Transporte;
·
la
ANI;
·
el
Invías;
·
y
el Departamento Nacional de Planeación.
Debe quedar claro que los gobernadores y alcaldes
no pueden disponer unilateralmente de una vía nacional ni de los peajes
administrados por la Nación.
Pero sí pueden hacer algo políticamente decisivo:
·
definir
conjuntamente las necesidades;
·
aportar
estudios;
·
contribuir
a la estructuración;
·
promover
convenios interadministrativos;
·
gestionar
suelo y predios;
·
proponer
aportes territoriales;
·
y
exigir que la Nación tramite una iniciativa pública construida desde la región.
5. No se propone excluir a los privados
Esta propuesta no busca sacar a los constructores,
operadores, bancos o inversionistas privados.
El sector privado puede y debe participar:
·
financiando;
·
construyendo;
·
operando;
·
manteniendo;
·
aportando
tecnología;
·
y
asumiendo los riesgos que le correspondan.
Pero su papel debe cambiar.
El privado no debería definir unilateralmente
cuánto se invierte, cuáles obras se incluyen y cuánto tiempo controla los
ingresos del corredor.
La regla debe ser sencilla:
El Estado y el territorio planean; el
privado compite para ejecutar.
El privado debe recibir una remuneración justa por
el capital aportado, los riesgos asumidos, las obras construidas y los niveles
de servicio alcanzados.
Lo que no resulta aceptable es entregarle sin
límites todo el crecimiento futuro de los peajes durante treinta años.
6. Recaudo público y remuneración
privada
La propuesta consiste en separar claramente tres
funciones.
Primera: la titularidad del recaudo
Los peajes seguirían siendo ingresos públicos
destinados a la infraestructura vial.
Segunda: la administración de los
recursos
Todo el recaudo debería ingresar directamente a un
patrimonio autónomo o fiducia con destinación específica, control público,
auditoría permanente y publicación de información en tiempo real.
Tercera: el pago al concesionario
El concesionario privado sería remunerado desde esa
fiducia por:
·
las
obras ejecutadas;
·
la
disponibilidad de la vía;
·
el
mantenimiento;
·
la
seguridad vial;
·
la
calidad del servicio;
·
y
el cumplimiento de indicadores.
De esta manera, el dinero no ingresaría
inicialmente a las cuentas ordinarias del concesionario para que posteriormente
el Estado trate de establecer cuánto se recaudó y cómo se utilizó.
El flujo debe ser transparente desde el primer
peso.
7. La utilidad privada debe tener
límites
La rentabilidad privada es necesaria. Sin ella no
habrá inversionistas ni financiación.
Pero debe ser:
·
razonable;
·
competitiva;
·
conocida;
·
verificable;
·
y
limitada contractualmente.
El contrato podría adjudicarse a quien ofrezca la
mejor combinación entre:
·
mayor
inversión;
·
menor
tarifa;
·
menor
plazo;
·
menor
rentabilidad exigida;
·
mejores
niveles de servicio;
·
y
mayor participación pública en los excedentes.
Cuando el concesionario haya recuperado:
·
su
inversión;
·
los
costos eficientes;
·
la
financiación;
·
y
la rentabilidad pactada,
el excedente económico adicional debe volver al
corredor.
8. Reinversión territorial de los
excedentes
Si el tráfico supera las proyecciones y el recaudo
resulta mayor al esperado, ese crecimiento no debería convertirse
exclusivamente en utilidad privada.
Los excedentes deberían destinarse a:
·
nuevas
obras;
·
mantenimiento
extraordinario;
·
estabilización
de taludes;
·
accesos
municipales;
·
reducción
de tarifas;
·
tarifas
diferenciales para residentes;
·
seguridad
vial;
·
mitigación
ambiental;
·
y
obras complementarias regionales.
También debería establecerse que, si el
concesionario alcanza anticipadamente el ingreso o la rentabilidad contractual:
·
termine
el contrato;
·
se
reduzcan los peajes;
·
los
recaudos posteriores se destinen íntegramente a inversión pública.
No tiene sentido mantener una concesión durante
treinta años si el capital privado ya fue recuperado y remunerado mucho antes.
9. Ruta institucional propuesta
Por eso proponemos que los gobernadores y alcaldes
adopten una hoja de ruta inmediata.
Primero Conformar una mesa política y técnica regional.
Segundo Suscribir
un convenio interadministrativo para estructurar el Plan Maestro del corredor.
Tercero Solicitar formalmente a la ANI y al Ministerio de
Transporte que la próxima concesión sea de iniciativa pública.
Cuarto Contratar un estructurador independiente, sin
vínculos con posibles futuros concesionarios.
Quinto Elaborar y publicar los estudios de:
·
tráfico;
·
ingeniería;
·
geología;
·
predios;
·
ambiente;
·
capacidad
de recaudo;
·
CAPEX;
·
OPEX;
·
riesgo;
·
financiación;
·
rentabilidad;
·
y
evaluación socioeconómica.
Sexto Someter el proyecto a audiencias
territoriales antes de cerrar su alcance definitivo.
Séptimo Adjudicar
la concesión mediante una licitación pública en la cual gane la mejor propuesta
para la región, no la propuesta más rentable para un originador privado.
10. Solicitud a la Asamblea
Departamental del Quindío
Solicitamos respetuosamente a esta Asamblea:
- Convocar a
la Gobernación del Quindío, los municipios, la ANI y el Ministerio de
Transporte a una mesa pública sobre el futuro del corredor.
- Promover
una declaración institucional en favor de una iniciativa pública regional.
- Solicitar
la publicación completa de los estudios y del modelo financiero de la
propuesta rechazada.
- Exigir que
la nueva estructuración evalúe una inversión física aproximada de entre $7
y $10 billones.
- Solicitar
que el recaudo de los siete peajes ingrese a una fiducia pública y
auditable.
- Proponer
una rentabilidad privada limitada y mecanismos de reinversión de los
excedentes.
- Garantizar
que el Quindío participe desde el inicio en la definición de las obras y
no sea llamado únicamente a socializar decisiones ya adoptadas.
Cierre
Honorables diputados:
El rechazo de Conexión Centro no debe dejarnos sin
proyecto.
Debe permitirnos construir un proyecto mejor.
No queremos excluir al sector privado. Queremos que
participe bajo reglas públicas, transparentes y competitivas no tan regresivas
para los usuarios.
No queremos que los peajes desaparezcan del
análisis financiero. Queremos que se conozca cuánto recaudan, cuánto cuesta
operar la vía, cuánto recibe el inversionista y cuánto debe volver al
territorio.
No queremos que los alcaldes y gobernadores sean
simples espectadores de la próxima propuesta privada. Queremos que sean los
promotores de una iniciativa regional que represente las necesidades de sus
comunidades.
El Eje Cafetero debe dejar de recibir únicamente
las obras que un originador privado considera rentables.
Debe definir primero las obras que necesita y luego
convocar al mejor privado para ejecutarlas.
Participación privada, sí; apropiación
ilimitada del recaudo, no.
Rentabilidad razonable para el
inversionista; excedentes y utilidad social para la región.
El privado puede construir y operar,
pero la renta del corredor debe volver al corredor.
Treinta años de peajes merecen una
inversión de verdadera escala regional.
Treinta años de peajes merecen una
concesión originada por el territorio, controlada por lo público y ejecutada
con la mejor capacidad privada.
Estimación preliminar del Programa Integral de Infraestructura
Para efectuar un cálculo inicial utilicé valores de referencia diferenciados según el tipo de intervención. No sería técnicamente correcto aplicar un único costo por kilómetro: una rehabilitación de vía secundaria no cuesta lo mismo que una doble calzada urbana, una variante nueva o una carretera montañosa con viaductos y estabilización de taludes.
Como referentes, el proyecto Popayán–Santander de Quilichao registra un CAPEX actualizado de $2,1 billones para 77 km, equivalente a unos $27.300 millones por kilómetro, e incluye 64 km de segunda calzada, 13 km de variantes y 32 puentes. Accesos Norte II de Bogotá alcanza $1,7 billones para 17,96 km, cerca de $94.700 millones por kilómetro, debido a su elevada complejidad urbana. Pacífico 1 registra $2,78 billones para 50,1 km, aproximadamente $55.500 millones por kilómetro, con túneles, puentes y doble calzada; mientras Pacífico 2 alcanza $1,5 billones para 96,5 km, cerca de $15.500 millones por kilómetro, combinando doble calzada, rehabilitación, túneles y puentes. (Portal ANI)
Valores unitarios adoptados
| Tipo de intervención | Rango por km | Valor base utilizado |
|---|---|---|
| Culminación o ampliación de corredor interurbano de altas especificaciones | $24.000–$40.000 millones | $30.000 millones |
| Corredor urbano y metropolitano de alta complejidad | $35.000–$60.000 millones | $45.000 millones |
| Variante metropolitana nueva, predominantemente en doble calzada | $45.000–$90.000 millones | $60.000 millones |
| Rehabilitación de vía secundaria con altas especificaciones | $6.000–$12.000 millones | $8.000 millones |
| Corredor aeroportuario y logístico | $28.000–$45.000 millones | $35.000 millones |
| Doble calzada interurbana | $24.000–$40.000 millones | $30.000 millones |
| Doble calzada en terreno montañoso | $32.000–$55.000 millones | $40.000 millones |
Presupuesto indicativo por componentes
| Componente | Longitud | Valor base por km | Presupuesto base |
|---|---|---|---|
| 1. Pereira–Circasia–Armenia | 46 km | $30.000 millones | $1,38 billones |
| 2. Armenia–Calarcá–Helicoidal y La Florida–La María–Calarcá | 15 km | $45.000 millones | $675.000 millones |
| 3. Variante metropolitana de Armenia | 35 km | $60.000 millones | $2,10 billones |
| 3.1. Perimetral del Café | 18 km | $60.000 millones | $1,08 billones |
| 3.2. Avenida Guayacanes | 17 km | $60.000 millones | $1,02 billones |
| 4. Vías secundarias de altas especificaciones | 71,6 km | $8.000 millones | $572.800 millones |
| 5. Corredor aeroportuario y logístico | 7 km | $35.000 millones | $245.000 millones |
| 6. Calarcá–La Paila | 63 km | $30.000 millones | $1,89 billones |
| 6. La Paila–Caicedonia–Barragán–Río Verde–La Y | 44 km | $40.000 millones | $1,76 billones |
| Conexiones con seis municipios y centros poblados | 87 km | $8.000 millones | $696.000 millones |
| Total de construcción estimado | 368,6 km | — | $9,32 billones |
La longitud de las vías secundarias comprende los accesos a Filandia, Salento y Circasia, así como los corredores Los Pinos–Salento, Circasia–La Nubia–Salento y La Nubia–San Juan de Carolina. En el acceso a Circasia se contabilizan 8,5 km correspondientes a Galileo, Circasia 1½ y Luna Park.
Rango general de inversión
Según la complejidad que finalmente presenten los corredores, el costo directo de construcción podría ubicarse así:
| Escenario | Obras estimadas | Más 15% de estudios, predios, gestión ambiental y contingencias |
|---|---|---|
| Bajo | $7,27 billones | $8,36 billones |
| Base | $9,32 billones | $10,72 billones |
| Alto | $13,05 billones | $15,00 billones |
Por tanto, para efectos de planeación regional, considero razonable presentar el programa con un presupuesto preliminar de aproximadamente:
$10,7 billones, con un rango posible entre $8,4 y $15 billones.
Este resultado es especialmente significativo frente a la proyección financiera que hemos venido analizando: destinar entre el 60% y el 70% del VPN estimado de $14,2 billones a CAPEX permitiría disponer de entre $8,5 y $9,9 billones. Es decir, la capacidad económica del corredor podría financiar una parte sustancial del programa, pero para ejecutar la totalidad del escenario base serían necesarias fuentes complementarias de la Nación, valorización, aportes territoriales, recursos aeroportuarios o logísticos y una estructuración por etapas.
Advertencias técnicas
Esta es una estimación de prefactibilidad, no un presupuesto definitivo. Los costos pueden aumentar por puentes sobre el río Quindío, viaductos, túneles, estabilización geotécnica, compra de predios urbanos, traslado de redes, protección de rondas hídricas, intercambiadores, pasos de fauna y dificultades ambientales.
También deberá evitarse la doble contabilización de tramos compartidos entre Calarcá y el Helicoidal, y verificarse mediante cartografía el recorrido completo La Paila–Caicedonia–Barragán–La Y, pues la distancia presentada de 44 km no incorpora expresamente el trayecto La Paila–Caicedonia. Esa precisión podría modificar de manera importante el presupuesto final.
TREINTA AÑOS DE PEAJES MERECEN TREINTA
AÑOS DE OBRAS
Una propuesta ciudadana para transformar la IP Conexión Centro en el
verdadero Plan Maestro de Infraestructura del Eje Cafetero (2027–2057)
“Si el Estado decide entregar nuevamente este
corredor durante treinta años, la región no puede conformarse con un proyecto
de $5,18 billones. Los análisis financieros de la Veeduría muestran que existe
capacidad para estructurar una concesión cercana a $6,5–7 billones,
incorporando todas las obras estratégicas que durante treinta años quedaron
pendientes.”
Luis Alberto Vargas Ballén
Veedor Ciudadano Ambiental y Urbanístico
Veeduría Cívica Armenia y Quindío
INTRODUCCIÓN
Señoras y señores:
Durante casi tres décadas los habitantes del Eje
Cafetero hemos financiado una de las concesiones viales más importantes y
costosas de Colombia.
Millones de ciudadanos, transportadores,
empresarios, campesinos y turistas han aportado diariamente recursos mediante
el pago de siete peajes que permitieron construir, operar y mantener el
corredor vial entre La Paila, Armenia, Pereira y Manizales.
Sin embargo, treinta años después debemos hacernos
una pregunta que ningún estudio técnico puede eludir:
¿El territorio recibió realmente una
infraestructura equivalente al enorme esfuerzo económico realizado por varias
generaciones de usuarios?
La respuesta no puede construirse desde
percepciones.
Debe construirse desde los números.
Por esa razón la Veeduría Cívica Armenia y Quindío
realizó una Auditoría Ciudadana Comparativa entre el Contrato de Concesión
0113, la APP Vías Bicentenario y la Iniciativa Privada Conexión Centro,
analizando su estructura financiera, las inversiones anunciadas, el nivel de
transparencia documental, los recaudos proyectados y las obras efectivamente
identificadas en la información pública.
Las conclusiones son profundas.
La auditoría evidencia que la discusión pública se
concentró durante meses en una cifra de $5,18 billones, cuando la propia
documentación pública analizada permite identificar inversiones directas
cercanas a $2,558 billones, mientras permanece una diferencia
significativa cuya composición no puede reconstruirse con la información
disponible, debido a la ausencia del modelo financiero integral, del CAPEX
desagregado y del presupuesto por unidades funcionales.
Con fundamento en la documentación analizada, es
que la ciudadanía no dispone hoy de la información necesaria para verificar
cómo se compone esa diferencia y si guarda una relación razonable con las obras
anunciadas. Esa ausencia de información constituye precisamente uno de los
principales hallazgos de la auditoría.
Pero esta ponencia no pretende quedarse en la
crítica.
El verdadero propósito consiste en demostrar que el
debate regional debe cambiar completamente.
Ya no debemos discutir cuánto cuesta la concesión.
Debemos discutir qué infraestructura merece el
Eje Cafetero después de treinta años de financiarla.
Si los siete peajes continúan operando durante
otros treinta años, la región no puede aceptar simplemente una nueva concesión.
Debe exigir un verdadero Plan Maestro de
Infraestructura Regional, capaz de resolver de manera definitiva los
problemas históricos de movilidad, competitividad, seguridad vial, integración
territorial, adaptación al cambio climático y desarrollo urbano que todavía
permanecen pendientes.
Treinta años de peajes merecen treinta años de
obras.
Y esa será la tesis central de esta ponencia.
CAPÍTULO I
LA HISTORIA DE UNA CONCESIÓN QUE NUNCA
TERMINÓ DE CONSTRUIRSE
Cuando comenzó la concesión Autopistas del Café en
1997, el país asumió un enorme desafío.
El objetivo consistía en modernizar el principal
corredor vial del Eje Cafetero mediante un esquema de asociación entre el
Estado y el sector privado.
La lógica era sencilla.
Los usuarios financiarían la infraestructura
mediante el pago permanente de peajes.
A cambio, la región obtendría un corredor moderno,
seguro, competitivo y preparado para soportar el crecimiento económico durante
varias décadas.
Ese modelo permitió avances importantes.
Se construyeron nuevas dobles calzadas, puentes,
intercambiadores, variantes y obras de estabilización que transformaron
significativamente la conectividad regional.
Sería injusto desconocer esos logros.
Sin embargo, también es evidente que la
infraestructura quedó inconclusa.
Todavía existen cuellos de botella que reducen la
capacidad del corredor.
Persisten vacíos urbanos donde la doble calzada
desaparece precisamente al ingresar a las ciudades.
Existen tramos con estándares muy diferentes entre
sí.
Continúan problemas históricos de accesibilidad,
seguridad vial y movilidad metropolitana.
Y varios municipios permanecen prácticamente al
margen de los beneficios directos de la concesión, a pesar de contribuir
durante décadas al recaudo de peajes.
Treinta años después seguimos hablando de variantes
pendientes.
Seguimos hablando de dobles calzadas incompletas.
Seguimos hablando de accesos inseguros.
Seguimos hablando de problemas geológicos
recurrentes.
Seguimos hablando de tramos urbanos congestionados.
En otras palabras, el corredor evolucionó, pero
nunca alcanzó la condición de un verdadero sistema regional de movilidad.
Precisamente por ello, el vencimiento de la
concesión representa una oportunidad histórica.
No se trata únicamente de cambiar un concesionario.
Se trata de decidir qué infraestructura necesita el
Eje Cafetero para los próximos treinta años.
CAPÍTULO II
LO QUE DESCUBRIÓ LA AUDITORÍA
FINANCIERA CIUDADANA
La Auditoría Financiera Ciudadana no se limitó a
revisar cifras económicas.
Su principal objetivo consistió en reconstruir la
historia técnica del Contrato de Concesión No. 0113 de 1997 para establecer
cómo evolucionó realmente el alcance del proyecto durante casi tres décadas de
ejecución.
Para ello se analizaron el contrato original, sus
contratos adicionales, los veintiocho otrosíes suscritos entre 1997 y 2023, las
respuestas oficiales de la Agencia Nacional de Infraestructura y la
documentación técnica disponible.
El resultado permite llegar a una conclusión
contundente:
El contrato que terminará en 2027 ya no
corresponde al contrato que fue adjudicado en 1997.
Durante veintiséis años el proyecto fue objeto de
sucesivas modificaciones que alteraron su alcance físico, financiero y
funcional mediante suspensiones, reprogramaciones, sustituciones de obras,
incorporación de nuevas actividades y eliminación de obligaciones inicialmente
pactadas.
2.1. La primera gran modificación:
suspensión de la construcción
Apenas dos años después de firmado el contrato, el Otrosí
No. 2 suspendió parcialmente la etapa de construcción y modificó la
cláusula quinta del contrato.
El Otrosí No. 3 condicionó incluso la
utilización de los aportes estatales de 1999 al inicio efectivo de las obras,
dejando los recursos inmovilizados en el patrimonio autónomo hasta que se
reiniciara la construcción.
Esto evidencia que el cronograma originalmente
previsto no pudo ejecutarse conforme a lo planeado.
2.2. La renegociación integral del año
2000
Con el Contrato Adicional No. 1 prácticamente se
reestructuró el contrato.
Entre otras medidas:
- se
reinició oficialmente la etapa de construcción;
- se
modificó el plazo;
- se
modificó el valor contractual;
- se
introdujo la garantía de ingreso mínimo;
- se
modificaron múltiples cláusulas esenciales del contrato;
- se
redefinió la estructura económica de la concesión.
Esta fue probablemente la primera gran
reestructuración financiera del proyecto.
2.3. El proyecto comenzó a construirse
por fases
Entre 2005 y 2007 la mayoría de las modificaciones
ya no correspondieron al objeto original sino a contratos adicionales para
financiar obras específicas.
Se incorporaron, entre otras:
- continuación
de la Variante Sur de Pereira;
- obras
complementarias;
- segunda
calzada Avenida del Ferrocarril;
- ajustes al
plan de inversiones;
- modificación
de la garantía de ingreso mínimo.
La auditoría encontró que el contrato pasó
progresivamente de un proyecto integral a un esquema de incorporación gradual
de obras mediante otrosíes.
2.4. Las grandes obras que nunca
llegaron a ejecutarse
Uno de los hallazgos más importantes aparece en la
explicación oficial de la ANI sobre los valores negativos del contrato.
La propia entidad reconoce que mediante el Otrosí
No. 7 quedaron condicionadas obras tan importantes como:
- el Túnel
de Santa Rosa;
- el tercer
carril Club de Tiro – Terminal;
- la segunda
calzada Avenida del Ferrocarril;
- el tercer
carril Romelia – Postrera;
- la solución
vial Mandarino – Estadio;
- la rehabilitación
La Paila – Calarcá.
Posteriormente, la ANI explica expresamente que, al
no ejecutarse el Túnel de Santa Rosa, dicha obligación fue desafectada, lo
que produjo un ajuste negativo en el valor contractual.
Este constituye uno de los hallazgos más relevantes
de toda la auditoría.
No solamente se adicionaron obras.
También desaparecieron obras estratégicas
originalmente contempladas.
2.5. La sustitución progresiva de
grandes inversiones por mantenimiento
A partir de 2017 el contrato comienza a orientarse
cada vez más hacia actividades de:
- operación;
- mantenimiento
rutinario;
- mantenimiento
periódico;
- iluminación;
- estabilización
puntual de taludes;
- estudios y
diseños.
Los Otrosíes 17 al 28 muestran claramente ese
cambio de orientación.
Cada vez aparecen menos obras estructurales y más
actividades propias de conservación de la infraestructura existente.
2.6. La desafectación de
infraestructura
Otro fenómeno poco conocido corresponde a la
eliminación física de tramos del contrato.
El Otrosí No. 19 desafectó inicialmente 470
metros de la vía concesionada y posteriormente eliminó otros 59 metros,
sustituyéndolos por actividades de mantenimiento en otros sectores.
Aunque estas longitudes parecen pequeñas,
representan un precedente muy importante:
la infraestructura concesionada dejó de ser
estática y comenzó a modificarse físicamente mediante sustituciones de alcance.
2.7. Obras que permanecieron únicamente
en estudios
Durante los últimos años de la concesión aparecen
numerosos estudios que no necesariamente culminaron en obras ejecutadas.
Entre ellos:
- acceso a
Aerocafé;
- segunda
calzada Variante La Paz;
- acceso a
Filandia;
- acceso a
La Tebaida;
- acceso al
corregimiento El Caimo;
- solución
Km 29;
- múltiples
estudios geotécnicos;
- estabilización
de taludes;
- retornos;
- intersecciones.
La auditoría considera indispensable que la ANI
presente un balance definitivo que permita distinguir claramente cuáles
estudios se transformaron efectivamente en obras construidas y cuáles
permanecieron únicamente en fase de diseño.
2.8. Del contrato de construcción al
contrato de operación
Finalmente, la revisión cronológica demuestra que
el contrato evolucionó desde una concesión orientada principalmente a construir
infraestructura hacia una concesión centrada en operar, mantener, conservar e
intervenir puntualmente la red existente.
Ese cambio explica por qué, treinta años después,
el corredor continúa presentando vacíos tan importantes como:
- ausencia
de dobles calzadas continuas;
- corredores
metropolitanos incompletos;
- soluciones
urbanas pendientes;
- terceros
carriles inconclusos;
- variantes
aún necesarias;
- intersecciones
sin construir;
- accesos
municipales insuficientes.
Conclusión del capítulo
La principal conclusión de la Auditoría Financiera
Ciudadana es que la infraestructura que recibirá el Estado al finalizar el
Contrato 0113 no corresponde íntegramente a la infraestructura originalmente
concebida en 1997.
Durante casi tres décadas el proyecto fue objeto de
múltiples renegociaciones que incorporaron nuevas obras, suspendieron otras,
modificaron cronogramas, ajustaron esquemas financieros y, en algunos casos,
eliminaron o sustituyeron actuaciones inicialmente previstas.
Esta realidad explica por qué el debate
sobre la nueva concesión no puede limitarse a prolongar el modelo existente.
Antes de comprometer otros treinta años de peajes, el país debe realizar un
verdadero cierre técnico, financiero y patrimonial del Contrato 0113,
identificando con absoluta precisión qué obras se ejecutaron, cuáles fueron
modificadas, cuáles fueron sustituidas y cuáles, sencillamente, nunca llegaron
a construirse.
CAPÍTULO III
LOS SIETE PEAJES: EL VERDADERO ACTIVO
ECONÓMICO DEL CORREDOR
La obligación de demostrar que la
rentabilidad del proyecto es proporcional a la inversión y a los riesgos
asumidos
La discusión pública sobre la Iniciativa Privada
Conexión Centro se ha concentrado casi exclusivamente en las obras propuestas.
Sin embargo, la Auditoría Financiera Ciudadana
permitió identificar que el verdadero activo económico del proyecto no son las
obras proyectadas, sino el derecho a explotar durante treinta años uno de los
corredores concesionados con mayor capacidad de generación de ingresos del
país.
Mientras el debate público gira alrededor de
algunos kilómetros de doble calzada, el verdadero negocio económico se
encuentra en el flujo permanente de recursos provenientes de siete estaciones
de peaje ya existentes, cuya capacidad de recaudo constituye el principal
soporte financiero de la iniciativa.
Esta circunstancia modifica completamente la forma
en que debe analizarse el proyecto.
No basta con preguntar cuánto cuesta construir las
obras.
Es indispensable establecer cuánto producirán
económicamente los peajes durante el plazo concesional y si la inversión
exigida al concesionario resulta proporcional a esa capacidad de generación de
ingresos.
En otras palabras, antes de comprometer otros
treinta años de recaudo, el país debe responder una pregunta fundamental:
¿Cuál es la verdadera capacidad
económica de los siete peajes y cuál es el nivel de inversión que
razonablemente pueden soportar?
3.1. La ausencia del modelo financiero
impide verificar la razonabilidad económica del proyecto
La Veeduría revisó integralmente la información
pública disponible sobre la Iniciativa Privada Conexión Centro y encontró una
situación preocupante.
Aunque se divulgó el valor global del proyecto, no
se publicó el modelo financiero integral, ni los principales indicadores
utilizados internacionalmente para evaluar la viabilidad económica de una
concesión.
En consecuencia, la ciudadanía no ha podido conocer
aspectos esenciales como:
- la Tasa
Interna de Retorno (TIR);
- el Valor
Presente Neto (VPN);
- el Costo
Promedio Ponderado del Capital (WACC);
- la
estructura de financiación entre deuda y patrimonio;
- el costo
del capital propio (Ke);
- el
servicio de la deuda;
- los costos
de operación y mantenimiento (OPEX);
- la
distribución de riesgos financieros entre el Estado y el concesionario.
Sin estos elementos resulta imposible determinar si
la remuneración esperada por el inversionista es compatible con los riesgos
realmente asumidos o si, por el contrario, el flujo de los peajes genera una
rentabilidad significativamente superior a los parámetros técnicos aceptados
para este tipo de proyectos.
La transparencia financiera no constituye una
formalidad.
Es un requisito indispensable para que la
ciudadanía pueda ejercer un control efectivo sobre la utilización de un
patrimonio público representado en el recaudo futuro de los peajes.
3.2. El ejercicio financiero
desarrollado por la Veeduría
Precisamente debido a la ausencia del modelo
oficial, la Veeduría elaboró un ejercicio financiero de referencia, utilizando
hipótesis explícitas y conservadoras, cuyo propósito no consiste en reemplazar
la evaluación financiera oficial, sino en demostrar el orden de magnitud de la
capacidad económica del corredor.
El análisis parte de los siguientes supuestos:
- inversión
identificada en la información pública cercana a $2,588 billones;
- horizonte
concesional de treinta años;
- recaudo
bruto proyectado de aproximadamente $40,8 billones;
- recaudo
promedio anual cercano a $1,36 billones.
Sobre estas hipótesis se desarrollaron
aproximaciones financieras utilizando metodologías compatibles con las
empleadas por el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), tomando como referencia
un WACC del 8,86 %, ampliamente utilizado como parámetro para proyectos
de infraestructura en Colombia.
La Veeduría es plenamente consciente de que estos
cálculos no sustituyen el modelo financiero oficial, pues no incorporan
variables como la estructura de deuda, los impuestos, los costos efectivos de
operación ni la política de dividendos. Sin embargo, constituyen una referencia
técnica válida para ilustrar el potencial económico del corredor y evidenciar
la necesidad de una mayor transparencia.
3.3. Una capacidad económica muy
superior a la inversión identificada
El ejercicio financiero arroja un resultado
particularmente relevante.
Aun descontando los ingresos futuros con un WACC de
referencia del 8,86 %, el valor presente de los recaudos proyectados
alcanza aproximadamente $14,2 billones. Una vez descontada la inversión
identificada, el flujo bruto presenta un Valor Presente Neto aproximado de $11,6
billones, antes de considerar los costos de operación, mantenimiento,
impuestos y financiación.
Desde luego, estas cifras no representan el VPN
oficial del proyecto, pues este solo puede determinarse con el modelo
financiero integral.
No obstante, sí revelan una realidad
incuestionable: el corredor posee una extraordinaria capacidad para generar
recursos durante el plazo concesional.
En consecuencia, el debate no puede limitarse a
establecer si existen recursos para ejecutar determinadas obras.
La verdadera discusión consiste en definir cuál es
la mejor utilización posible de ese enorme flujo económico en beneficio del
interés general.
3.4. El período estimado de
recuperación de la inversión
Otro resultado particularmente significativo
corresponde al análisis del período de recuperación de la inversión.
Bajo distintos escenarios de operación y
mantenimiento, y utilizando nuevamente el WACC de referencia del IDU, la
Auditoría Financiera Ciudadana estima que la inversión identificada podría
recuperarse económicamente aproximadamente entre el tercer y el cuarto año
de operación, dependiendo del comportamiento efectivo de los costos del
proyecto.
Aunque esta estimación no reemplaza el modelo
financiero oficial, plantea una pregunta de enorme trascendencia para el debate
público.
Si el plazo concesional propuesto es de treinta
años y la inversión podría recuperarse en una fracción relativamente pequeña de
ese período, ¿cómo se distribuyen durante los años restantes los recursos
destinados a operación, mantenimiento, reposiciones, servicio de la deuda,
remuneración del capital y utilidades del concesionario?
Responder esa pregunta exige la publicación íntegra
del modelo financiero.
3.5. La verdadera capacidad de
inversión del corredor
El análisis financiero también permitió estimar la
capacidad potencial de inversión que podría soportar el proyecto sin exceder
parámetros razonables de rentabilidad.
Tomando como referencia el valor presente de los
recaudos y suponiendo que entre el 40 % y el 50 % de los ingresos brutos
se conviertan en flujo libre una vez cubiertos los costos de operación,
mantenimiento, reposiciones, administración e impuestos, la capacidad total de
inversión del corredor se ubicaría aproximadamente entre $5,66 y $7,07
billones, con un escenario central cercano a $6,37 billones.
Estos valores no constituyen una cifra contractual
ni sustituyen el análisis oficial.
Representan una aproximación técnica basada en
hipótesis explícitas, cuyo propósito es demostrar que existe un margen
económico significativamente superior al nivel de inversión actualmente
identificado en la información pública.
Desde esta perspectiva, la Veeduría considera
técnicamente razonable exigir que una nueva concesión incorpore un programa
integral de inversiones de al menos $5,6 billones, procurando una
estructuración cercana a $6–$6,5 billones, siempre que el modelo
financiero oficial confirme la capacidad económica estimada del corredor.
3.6. La rentabilidad debe ser
proporcional al riesgo
El estudio del Instituto de Desarrollo Urbano
establece que la evaluación de proyectos de infraestructura debe realizarse
utilizando metodologías como el WACC y el CAPM, las cuales buscan
garantizar que la rentabilidad del inversionista sea proporcional al riesgo
efectivamente asumido.
Los valores de referencia identificados por dicho
estudio sitúan el WACC alrededor del 8,86 % y el costo esperado del
capital propio (Ke) aproximadamente en el 12 %.
Por ello, cualquier concesión financiada
principalmente con recursos provenientes de peajes debe demostrar, de manera
transparente, que la tasa de retorno esperada para los inversionistas se
mantiene dentro de parámetros compatibles con esos referentes técnicos o que,
si se aparta de ellos, existen razones objetivas y verificables que lo
justifiquen.
La ausencia del modelo financiero impide realizar
esa verificación.
Y precisamente por esa razón la publicación
integral del modelo deja de ser una simple solicitud de información para
convertirse en una condición necesaria de transparencia, control ciudadano y
protección del patrimonio público.
Conclusión del capítulo
La Auditoría Financiera Ciudadana demuestra que el
verdadero activo económico de la Iniciativa Privada Conexión Centro no son
únicamente las obras proyectadas, sino el derecho a administrar durante treinta
años un corredor con una extraordinaria capacidad de generación de ingresos
mediante el recaudo de siete peajes.
Por esa razón, el análisis del proyecto no puede
reducirse al valor nominal de las inversiones anunciadas. Debe incorporar, de
manera obligatoria, la evaluación de la capacidad económica del corredor, la
razonabilidad del plazo concesional, la proporcionalidad entre la inversión y
la remuneración esperada, y la distribución de los riesgos financieros entre el
Estado y el concesionario.
Mientras la ANI no publique el modelo financiero
integral, la ciudadanía no podrá verificar si el flujo económico generado por
los siete peajes se traduce en una infraestructura proporcional al esfuerzo que
durante treinta años realizarán millones de usuarios. Esa es la razón por la
cual la Veeduría sostiene que la discusión ya no debe centrarse únicamente en cuánto
cuesta la concesión, sino en cuánto valor económico produce el corredor
y cómo ese valor debe transformarse en obras verificables, seguridad vial,
competitividad, sostenibilidad ambiental y bienestar para los habitantes del
Eje Cafetero.
CAPÍTULO IV
LA OPORTUNIDAD HISTÓRICA DEL EJE
CAFETERO
Hasta ahora la discusión regional ha girado
alrededor de una pregunta equivocada.
Durante meses hemos debatido si la IP Conexión
Centro debe aprobarse o rechazarse.
Sin embargo, esa no es la verdadera decisión que
enfrenta el Eje Cafetero.
La pregunta correcta es mucho más profunda.
Si Colombia va a entregar nuevamente
este corredor estratégico durante treinta años, ¿qué infraestructura merece
realmente la región?
Esa pregunta cambia completamente el escenario.
Ya no hablamos únicamente de una concesión.
Hablamos del futuro territorial de más de tres
millones de habitantes.
Hablamos del principal corredor turístico del país.
Hablamos del corredor logístico que conecta el
centro de Colombia con el puerto de Buenaventura.
Hablamos del eje estructurante del Paisaje Cultural
Cafetero.
Hablamos del corredor que soporta buena parte de la
competitividad agrícola, industrial y turística del occidente colombiano.
Treinta años representan prácticamente una
generación completa.
Las decisiones que hoy se adopten determinarán cómo
se moverán nuestros hijos y nuestros nietos.
Por esa razón, el nuevo contrato no puede limitarse
a completar algunas dobles calzadas pendientes.
Debe convertirse en el Plan Maestro de
Infraestructura del Eje Cafetero, integrando movilidad regional, seguridad
vial, desarrollo urbano, sostenibilidad ambiental, adaptación al cambio
climático, logística, transporte multimodal y competitividad territorial.
El análisis financiero desarrollado por la Veeduría
indica que, bajo los supuestos utilizados y considerando los flujos proyectados
de los siete peajes, existe margen para discutir una inversión total del orden
de $6,5 a $7 billones, siempre que el modelo financiero oficial confirme
las hipótesis empleadas y garantice un equilibrio razonable entre inversión,
operación, mantenimiento y rentabilidad.
Esa cifra no constituye una exigencia arbitraria.
Representa una invitación a replantear
completamente la escala del proyecto.
Si durante treinta años los ciudadanos seguirán
financiando el corredor mediante el pago permanente de peajes, resulta
razonable que también reciban un proyecto transformador que resuelva las deudas
históricas de infraestructura acumuladas desde la creación de la concesión.
Excelente. Ahora entramos al corazón de la
ponencia. Aquí es donde dejamos de reaccionar frente a la IP Conexión Centro y
presentamos una propuesta de Estado para el Eje Cafetero. Este capítulo
debe convertirse en la referencia de todo el documento.
CAPÍTULO VI
DEL PROYECTO IP CONEXIÓN CENTRO AL PLAN
MAESTRO DEL CORREDOR ESTRATÉGICO DEL EJE CAFETERO
Durante los últimos meses la discusión pública se
ha concentrado en aceptar o rechazar la Iniciativa Privada Conexión Centro.
Sin embargo, esa discusión parte de un enfoque
limitado.
La verdadera decisión que enfrenta el país no
consiste en determinar si un concesionario construye determinadas dobles
calzadas o determinados intercambiadores. La decisión de fondo consiste en
establecer cuál debe ser el nivel de infraestructura que merece el principal
corredor económico del Eje Cafetero para los próximos treinta años.
El corredor La Paila–Armenia–Pereira–Manizales dejó
hace mucho tiempo de ser una simple carretera nacional.
Hoy constituye simultáneamente:
- el
principal corredor logístico entre el centro del país y Buenaventura;
- el eje
estructurante del Paisaje Cultural Cafetero;
- la
principal ruta turística del occidente colombiano;
- un
corredor metropolitano entre Pereira, Dosquebradas, Armenia y sus
municipios vecinos;
- un eje de
abastecimiento agrícola e industrial;
- una
infraestructura crítica para la atención de emergencias y desastres.
Por ello, el nuevo contrato concesional no puede
seguir concibiéndose únicamente como un proyecto de pavimentación o ampliación
vial.
Debe estructurarse como un verdadero Plan
Maestro de Infraestructura Territorial, capaz de resolver integralmente las
necesidades de movilidad, seguridad vial, competitividad, adaptación climática
y desarrollo regional durante los próximos treinta años.
La Auditoría Ciudadana demuestra que existe una
oportunidad excepcional para replantear la escala del proyecto. Bajo los
supuestos financieros desarrollados por la Veeduría, el flujo económico
proyectado del corredor permitiría discutir una inversión muy superior a la
actualmente identificada, siempre que la ANI publique el modelo financiero
oficial y confirme las hipótesis empleadas.
En consecuencia, la discusión deja de ser cuánto
cuesta la concesión y pasa a ser qué infraestructura necesita realmente el Eje
Cafetero para responder a los desafíos del siglo XXI.
CAPÍTULO VIII
EL PLAN MAESTRO DEL CORREDOR
ESTRATÉGICO DEL EJE CAFETERO (2027–2057)
La infraestructura que realmente merece
la región después de treinta años de peajes
"No estamos discutiendo una
carretera. Estamos definiendo el modelo territorial del Eje Cafetero para la
segunda mitad del siglo XXI."
Durante los últimos meses el debate público ha
girado alrededor de la conveniencia o no de adjudicar la Iniciativa Privada
Conexión Centro. Sin embargo, la Auditoría Financiera Ciudadana demuestra que
esa discusión ha partido de una pregunta equivocada.
La cuestión de fondo no consiste en establecer si
las obras propuestas por la IP son suficientes.
La verdadera pregunta es otra:
¿Qué infraestructura requiere el Eje
Cafetero para enfrentar los próximos cincuenta años de crecimiento económico,
urbano, logístico, turístico y ambiental?
Responder esta pregunta exige abandonar la lógica
tradicional de las concesiones.
Durante décadas la infraestructura vial colombiana
se estructuró como una sucesión de proyectos independientes cuyo propósito
principal consistía en resolver problemas puntuales de capacidad.
Hoy esa visión resulta insuficiente.
El corredor La Paila – Armenia – Pereira –
Manizales dejó de ser una carretera nacional.
Se convirtió en la columna vertebral de un
territorio integrado que concentra cerca de tres millones de habitantes, uno de
los mayores flujos turísticos del país, importantes plataformas industriales y
logísticas, el Paisaje Cultural Cafetero declarado Patrimonio Mundial por la
UNESCO, dos aeropuertos internacionales, un nuevo aeropuerto de alcance
regional en construcción y una posición estratégica entre el centro del país y
el puerto de Buenaventura.
Por ello, el nuevo contrato no puede limitarse a
construir algunos kilómetros de doble calzada.
Debe estructurarse como el Plan Maestro del
Corredor Estratégico del Eje Cafetero, concebido como un sistema integral
de movilidad para los próximos cincuenta años.
Este cambio de enfoque implica pasar de una
infraestructura orientada exclusivamente al tránsito vehicular a un sistema
capaz de integrar competitividad económica, desarrollo urbano, logística,
turismo, seguridad vial, sostenibilidad ambiental y resiliencia frente al
cambio climático.
La Veeduría Cívica Armenia y Quindío considera que,
si los ciudadanos continuarán financiando este corredor mediante el pago de
siete peajes durante otros treinta años, el nuevo contrato debe garantizar una
transformación proporcional del territorio.
No se trata de construir más kilómetros.
Se trata de construir una infraestructura
completamente distinta.
VIII.1 Una autopista regional del siglo
XXI
La experiencia internacional demuestra que una
autopista moderna ya no puede definirse únicamente por la existencia de una
doble calzada.
Las autopistas contemporáneas constituyen sistemas
inteligentes de movilidad que integran seguridad vial, control operacional,
conectividad logística, protección ambiental y articulación con el desarrollo
urbano.
En consecuencia, el nuevo corredor deberá cumplir,
como mínimo, los siguientes estándares técnicos:
- continuidad
absoluta del corredor en doble calzada;
- separación
física permanente entre sentidos de circulación;
- eliminación
progresiva de todos los cruces a nivel;
- control
integral de accesos;
- variantes
urbanas completas en las principales ciudades;
- intercambiadores
multinivel en todos los nodos estratégicos;
- carriles
de aceleración y desaceleración en cada incorporación;
- bermas
continuas con estándares internacionales;
- vías de
servicio paralelas en sectores urbanos y suburbanos;
- infraestructura
peatonal completamente segregada;
- red
continua de ciclorrutas regionales;
- sistemas
inteligentes de transporte (ITS);
- monitoreo
permanente mediante sensores y analítica en tiempo real;
- infraestructura
preparada para electromovilidad y automatización futura;
- corredores
biológicos y pasos de fauna;
- soluciones
geotécnicas permanentes;
- infraestructura
resiliente frente al cambio climático;
- integración
funcional con aeropuertos, plataformas logísticas y un futuro sistema
férreo regional.
Estos elementos no constituyen obras
complementarias.
Representan los requisitos mínimos que hoy exige
cualquier autopista regional de clase mundial.
VIII.2 El nuevo paradigma: de una
carretera a un sistema regional de movilidad
La infraestructura propuesta debe cumplir
simultáneamente cinco grandes funciones.
Primera.
Integrar el Eje Cafetero con el corredor nacional
hacia Buenaventura y el centro del país mediante un corredor continuo de alta
capacidad.
Segunda.
Resolver definitivamente la movilidad metropolitana
de Pereira, Dosquebradas, Armenia y Manizales, evitando que el tránsito
nacional continúe atravesando zonas urbanas densamente pobladas.
Tercera.
Fortalecer la competitividad económica mediante
corredores logísticos articulados con Aerocafé, El Edén, las zonas francas, los
parques industriales y un eventual tren regional.
Cuarta.
Consolidar al Paisaje Cultural Cafetero como uno de
los principales destinos turísticos de América Latina, integrando
infraestructura vial, movilidad sostenible, paisajismo, cicloturismo,
senderismo e interpretación ambiental.
Quinta.
Garantizar que toda la infraestructura sea
compatible con la adaptación al cambio climático, la gestión integral del
riesgo, la conservación de la biodiversidad y la protección del recurso
hídrico.
A partir de este punto comenzaría el desarrollo por
departamentos (Caldas, Risaralda y Quindío), pero no como simples
listados de obras. Cada departamento iniciaría con una visión estratégica
("El papel de Caldas como puerta norte", "Risaralda como nodo
logístico metropolitano", "Quindío como corazón turístico y
articulador del corredor"), seguida de las obras estructurantes y una
justificación técnica, económica, urbana y ambiental para cada una.
Creo que esta reorganización convierte el capítulo
en un verdadero documento de política pública y le da un nivel muy
superior al de una simple propuesta de obras. Además, enlaza de forma natural
con el capítulo financiero: si el corredor puede respaldar una inversión total
estimada entre $6,5 y $7 billones bajo los supuestos de la auditoría,
entonces ese potencial debe traducirse en una infraestructura transformadora, y
no únicamente en la ampliación parcial de una vía existente.
VIII.3. EL PLAN MAESTRO PARA EL
DEPARTAMENTO DE CALDAS
La puerta norte del Corredor
Estratégico del Eje Cafetero
Caldas constituye el punto de articulación entre el
corredor del Eje Cafetero, el centro del país y las concesiones Pacífico II y
Pacífico III. Su geografía de alta montaña, la localización del Aeropuerto del
Café (Aerocafé), el crecimiento del Área Metropolitana Centro Sur y la
importancia industrial de Manizales convierten este departamento en uno de los
nodos estratégicos más importantes de la nueva concesión.
Sin embargo, el corredor continúa presentando
restricciones geométricas, cambios de sección, limitaciones de capacidad,
problemas geotécnicos y pasos urbanos incompatibles con una autopista moderna.
La nueva concesión debe asumir que Caldas ya no
requiere únicamente mantenimiento vial.
Requiere la consolidación del primer corredor de
alta montaña de especificación autopista del país.
A. Corredor Chinchiná – Manizales
Después de casi treinta años de concesión resulta
técnicamente injustificable que continúen existiendo sectores donde la
capacidad operacional disminuye precisamente al aproximarse a la principal
ciudad del departamento.
Por ello se propone:
- culminación
definitiva de la doble calzada;
- eliminación
de todos los cuellos de botella;
- ampliación
integral de bermas;
- rectificación
geométrica de curvas críticas;
- modernización
estructural del corredor;
- construcción
de viaductos en zonas de ladera;
- estabilización
profunda de taludes;
- sistemas
permanentes de drenaje.
Estas actuaciones permitirán uniformar la velocidad
de diseño, disminuir la accidentalidad y garantizar continuidad operacional
hacia Pereira y el centro del país.
B. Nodo Logístico Aerocafé
Aerocafé constituye una infraestructura de
importancia nacional.
Sin embargo, un aeropuerto internacional únicamente
alcanza su máximo potencial cuando se encuentra articulado con corredores
logísticos de altas especificaciones.
Por ello el nuevo contrato deberá incluir:
- un gran
intercambiador vial multinivel;
- accesos
segregados para carga y pasajeros;
- plataformas
logísticas aeroportuarias;
- centros de
distribución regional;
- integración
con un futuro sistema ferroviario;
- corredores
exclusivos para carga.
Aerocafé debe convertirse en el principal nodo
logístico aéreo del occidente colombiano y no únicamente en un aeropuerto
regional.
C. Variante Metropolitana de Manizales
La movilidad nacional no puede seguir atravesando
sectores urbanos consolidados.
Se requiere desarrollar una variante metropolitana
de altas especificaciones que permita retirar definitivamente el tránsito
pesado del área urbana mediante:
- túneles
urbanos;
- grandes
viaductos;
- corredores
expresos;
- conexiones
directas con Pacífico III;
- integración
funcional con Aerocafé.
Esta infraestructura reducirá tiempos de viaje,
emisiones contaminantes y conflictos entre el transporte nacional y la
movilidad urbana.
D. Ingeniería para Alta Montaña
La topografía del departamento exige incorporar
soluciones propias de las grandes autopistas de montaña del mundo.
Entre ellas:
- galerías
de protección;
- estabilización
profunda de taludes;
- monitoreo
geotécnico permanente;
- instrumentación
inteligente;
- sensores
de deformación;
- alerta
temprana;
- drenajes
profundos;
- protección
contra caída de rocas.
La infraestructura deberá diseñarse considerando
horizontes de operación superiores a cincuenta años y escenarios de cambio
climático.
VIII.4. EL PLAN MAESTRO PARA RISARALDA
El gran nodo metropolitano y logístico
del Eje Cafetero
Si Caldas representa la puerta norte del corredor,
Risaralda constituye su centro funcional.
En este departamento convergen la mayor área
metropolitana del Eje Cafetero, importantes plataformas industriales, zonas
francas, corredores turísticos y el principal punto de articulación entre el
centro del país y el puerto de Buenaventura.
Paradójicamente, el tránsito nacional continúa
atravesando áreas densamente urbanizadas, generando congestión, inseguridad
vial, contaminación atmosférica y pérdida de competitividad.
La nueva concesión debe corregir definitivamente
esta situación.
A. Gran Variante Oriental Metropolitana
La Veeduría considera que esta debe convertirse en
una de las principales inversiones del nuevo contrato.
Su propósito será separar completamente el tránsito
nacional del tráfico urbano mediante un corredor de altas especificaciones que
conecte:
- Cerritos;
- Condina;
- Punto
Treinta;
- Tribunas;
- el
corredor nacional.
Su diseño deberá incorporar:
- túneles
urbanos;
- grandes
viaductos;
- intercambiadores
multinivel;
- control
absoluto de accesos;
- infraestructura
inteligente.
Esta actuación permitirá retirar miles de vehículos
pesados del área urbana de Pereira y Dosquebradas.
B. Corredor Logístico Cerritos
El crecimiento industrial de Cerritos obliga a
abandonar definitivamente el concepto de carretera convencional.
El corredor deberá incorporar:
- carriles
exclusivos para transporte pesado;
- plataformas
logísticas;
- centros
intermodales;
- estaciones
inteligentes de pesaje;
- zonas de
transferencia de carga;
- infraestructura
para vehículos eléctricos de carga.
La competitividad del Eje Cafetero dependerá en
buena medida de la eficiencia de este corredor.
C. Sistema Metropolitano de
Intersecciones
Todos los grandes nodos metropolitanos deberán
resolverse mediante intercambiadores a desnivel.
Entre ellos:
- El Pollo;
- Punto
Treinta;
- Consotá;
- Condina;
- Tribunas;
- Cerritos.
La eliminación progresiva de cruces semaforizados
permitirá garantizar flujo continuo y mejorar sustancialmente la seguridad
vial.
D. Movilidad Metropolitana Sostenible
El nuevo contrato deberá abandonar la visión
exclusivamente vehicular.
La infraestructura debe incorporar:
- ciclorrutas
regionales segregadas;
- puentes
peatonales modernos;
- pasos
ecológicos;
- corredores
verdes;
- integración
con los sistemas de transporte público;
- accesibilidad
universal.
Una autopista del siglo XXI debe servir tanto al
vehículo particular como al peatón, al ciclista y al transporte colectivo.
VIII.5. EL PLAN MAESTRO PARA EL QUINDÍO
El corazón del corredor estratégico y
la mayor deuda histórica de la concesión
Si existe un territorio donde el nuevo contrato
debe representar una verdadera transformación estructural, ese es el
departamento del Quindío.
Durante casi tres décadas el Quindío ha soportado
algunos de los mayores volúmenes de tránsito del corredor nacional, la presión
creciente del turismo, la expansión urbana acelerada, el aumento del transporte
de carga y la consolidación de nuevas actividades logísticas.
Sin embargo, gran parte de su infraestructura
continúa respondiendo a criterios concebidos hace más de treinta años.
El resultado es evidente.
Armenia continúa funcionando como un corredor
obligado para el tránsito nacional.
Los accesos a Circasia, Filandia y Salento
presentan crecientes problemas de capacidad y seguridad.
La conexión entre el Aeropuerto Internacional El
Edén, la Zona Franca, Calarcá y La Línea carece de una visión logística
integral.
El corredor turístico del Paisaje Cultural Cafetero
opera con infraestructura insuficiente para atender la demanda proyectada de
las próximas décadas.
La nueva concesión representa probablemente la
última oportunidad de corregir esta deuda histórica.
Por ello, el Plan Maestro propone que el Quindío
deje de concebirse como un simple tramo de paso entre Pereira y La Línea y se
convierta en el verdadero corazón logístico, turístico y ambiental del corredor
estratégico del Eje Cafetero.
A. Gran Variante Norte–Sur de Armenia
La obra más importante de todo el proyecto no debe
ser una ampliación puntual.
Debe ser la construcción de una verdadera variante
metropolitana que permita retirar el tránsito nacional del área urbana de
Armenia, mejorar la calidad de vida de sus habitantes, reducir la congestión y
fortalecer la competitividad regional.
Esta actuación deberá constituirse en la principal
inversión estratégica del nuevo contrato y en el símbolo de una nueva
generación de infraestructura para el Eje Cafetero.
B. EL GRAN CORREDOR LOGÍSTICO DEL
QUINDÍO
Durante décadas el Quindío ha sido visto únicamente
como un territorio de paso entre Bogotá, el centro del país y Buenaventura.
Esa visión es profundamente equivocada.
El Quindío no debe seguir funcionando como un
simple corredor de tránsito nacional.
Debe consolidarse como la principal plataforma
logística, turística y ambiental del Eje Cafetero.
Su posición geográfica, la existencia del
Aeropuerto Internacional El Edén, la Zona Franca, la futura conexión férrea con
el Valle del Cauca, la proximidad al Túnel de La Línea y la localización del
Paisaje Cultural Cafetero lo convierten en uno de los territorios con mayor
potencial estratégico de Colombia.
Sin embargo, la infraestructura actual no responde
a esa realidad.
El nuevo contrato deberá estructurar un verdadero
sistema logístico integrado mediante:
- la
consolidación del corredor La Tebaida–Aeropuerto Internacional El
Edén–Zona Franca–Calarcá;
- conexiones
directas con el corredor de La Línea;
- infraestructura
especializada para transporte de carga;
- plataformas
logísticas e industriales;
- integración
con un futuro corredor férreo del occidente colombiano;
- zonas de
transferencia multimodal;
- infraestructura
para energías limpias y movilidad eléctrica.
No se trata únicamente de ampliar una carretera.
Se trata de convertir al Quindío en uno de los
principales nodos logísticos nacionales.
C. EL NUEVO CORREDOR ORIENTAL DEL
QUINDÍO
Uno de los mayores errores de la planeación vial de
las últimas décadas ha sido concentrar prácticamente todo el tránsito nacional
sobre un único corredor.
Una infraestructura resiliente exige redundancia.
Por ello, el Plan Maestro propone desarrollar
progresivamente un nuevo corredor estratégico que articule:
- Corozal;
- Caicedonia;
- Barragán;
- Río Verde;
- Barcelona;
- Calarcá;
- La Línea.
Este corredor permitiría:
- distribuir
los flujos nacionales;
- reducir la
presión sobre Armenia;
- fortalecer
el desarrollo del oriente del Quindío;
- generar
una ruta alterna ante emergencias;
- mejorar la
conectividad con el norte del Valle del Cauca.
La redundancia operacional constituye hoy uno de
los principales criterios de diseño de la infraestructura crítica a nivel
mundial.
D. LOS MUNICIPIOS TAMBIÉN TIENEN
DERECHO A LA CONCESIÓN
Durante casi treinta años los municipios han
contribuido diariamente al recaudo de los peajes.
Sin embargo, buena parte de ellos únicamente han
recibido los impactos derivados del incremento del tránsito.
Congestión.
Accidentalidad.
Ruido.
Fragmentación urbana.
Presión inmobiliaria.
Expansión suburbana.
Turismo masivo.
Pero muy pocas inversiones directamente orientadas
a mejorar su movilidad interna.
Esta situación debe cambiar.
La nueva concesión debe incorporar un verdadero
programa de integración territorial para municipios como:
- Circasia;
- Filandia;
- Salento;
- Montenegro;
- Quimbaya;
- La
Tebaida;
- Calarcá;
- Córdoba;
- Buenavista;
- Pijao;
- Génova;
- Barcelona;
- Caicedonia.
Cada uno de ellos requiere soluciones específicas
que incluyan:
- variantes;
- retornos
seguros;
- intercambiadores;
- vías de
servicio;
- ciclorrutas;
- puentes
peatonales;
- espacio
público;
- conexiones
con transporte regional.
La infraestructura nacional debe convertirse
también en infraestructura para los ciudadanos que viven junto a ella.
E. EL PAISAJE CULTURAL CAFETERO TAMBIÉN
ES INFRAESTRUCTURA
Durante décadas la infraestructura vial y la
protección ambiental fueron tratadas como objetivos incompatibles.
Hoy sabemos que ocurre exactamente lo contrario.
Las autopistas modernas pueden convertirse en
herramientas de restauración ecológica.
Por ello el nuevo contrato deberá incorporar un
programa integral de infraestructura ambiental que incluya:
- corredores
biológicos continuos;
- pasos
elevados y subterráneos para fauna;
- restauración
ecológica de rondas hídricas;
- revegetalización
con especies nativas;
- estabilización
bioingenieril de taludes;
- drenajes
sostenibles;
- barreras
acústicas vegetales;
- compensaciones
ambientales regionales;
- recuperación
paisajística de áreas degradadas.
El Paisaje Cultural Cafetero no puede seguir siendo
un elemento decorativo de la concesión.
Debe convertirse en uno de sus principales
objetivos.
F. EL TREN REGIONAL DEL EJE CAFETERO
La nueva concesión no puede ignorar el renacimiento
del transporte férreo.
El corredor vial deberá diseñarse considerando la
futura implantación de un sistema ferroviario regional que articule:
- Manizales;
- Aerocafé;
- Pereira;
- Cerritos;
- Armenia;
- La
Tebaida;
- Aeropuerto
El Edén;
- Zona
Franca;
- Valle del
Cauca.
Esta integración permitirá disminuir costos
logísticos, reducir emisiones y aumentar la competitividad exportadora.
El ferrocarril no constituye un competidor de la
autopista.
Es su complemento natural.
G. MOVILIDAD INTELIGENTE
La infraestructura del siglo XXI ya no se limita al
concreto y al asfalto.
El nuevo corredor deberá incorporar una plataforma
tecnológica permanente basada en:
- inteligencia
artificial;
- monitoreo
climático;
- sensores
estructurales;
- pesaje
dinámico;
- cámaras
inteligentes;
- detección
automática de incidentes;
- control
variable de velocidad;
- información
en tiempo real para los usuarios;
- gestión
integrada de emergencias.
La autopista deberá operar como un sistema
inteligente y no simplemente como una vía pavimentada.
H. UNA CONCESIÓN PARA LOS PRÓXIMOS
CINCUENTA AÑOS
Las decisiones que hoy adopte Colombia definirán el
desarrollo del Eje Cafetero hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XXI.
Por ello la nueva concesión debe abandonar
definitivamente la lógica de resolver únicamente las necesidades actuales.
Toda la infraestructura deberá diseñarse
considerando:
- crecimiento
demográfico;
- expansión
urbana;
- incremento
del turismo;
- transformación
tecnológica del transporte;
- movilidad
eléctrica;
- automatización
vehicular;
- cambio
climático;
- resiliencia
territorial.
No se construye para el tráfico de hoy.
Se construye para el país que tendremos dentro de
cincuenta años.
CONCLUSIÓN GENERAL DEL PLAN MAESTRO
La Auditoría Financiera Ciudadana permitió
demostrar que el verdadero debate nunca debió limitarse a establecer si la
Iniciativa Privada Conexión Centro era financieramente viable.
La verdadera discusión consiste en definir cuál
debe ser la infraestructura que merece una región que durante casi treinta años
ha financiado uno de los corredores concesionados más importantes de Colombia.
Los análisis desarrollados por la Veeduría indican
que, bajo los supuestos financieros utilizados y siempre sujetos a la
validación del modelo financiero oficial de la ANI, el flujo económico esperado
de los siete peajes permitiría respaldar un programa de inversiones del orden
de $6,5 a $7 billones, muy superior a las inversiones directas
actualmente identificadas en la información pública. Esa capacidad potencial
impone una obligación ética, técnica y política: destinar esos recursos a una
transformación estructural del territorio y no únicamente a completar
intervenciones parciales.
El Eje Cafetero no necesita otra concesión
concebida como un contrato para administrar peajes.
Necesita un Plan Maestro de Infraestructura
Regional, capaz de integrar autopistas, logística, aeropuertos, transporte
férreo, movilidad metropolitana, turismo sostenible, seguridad vial,
restauración ambiental y adaptación al cambio climático bajo una única visión
estratégica.
Después de treinta años de recaudo, el país tiene
la oportunidad de corregir las deudas acumuladas por sucesivas modificaciones
contractuales, obras aplazadas y proyectos que nunca llegaron a ejecutarse.
Esta es la oportunidad para pasar de una
infraestructura fragmentada a un verdadero sistema regional de movilidad.
Treinta años de peajes merecen treinta
años de obras.
Y esa debe ser la condición mínima para cualquier
nueva concesión que aspire a representar el futuro del Eje Cafetero.
Después de haber acompañado la construcción de este
documento, creo que el informe no debería terminar con una conclusión
técnica. Ya la tiene.
Debe terminar con un Manifiesto por el Futuro
del Eje Cafetero.
Debe ser un cierre que pueda ser citado por la
prensa, leído en una audiencia pública, entregado a la ANI, al Presidente de la
República o incluso anexado a una acción judicial.
Yo terminaría el informe con algo como esto.
CAPÍTULO IX
CONCLUSIONES Y LLAMADO NACIONAL A LA
ACCIÓN
Treinta años de peajes merecen treinta
años de obras
La Auditoría Financiera Ciudadana realizada por la
Veeduría Cívica Armenia y Quindío no pretendió descalificar una iniciativa
privada ni cuestionar la utilidad del modelo concesional.
Su propósito ha sido mucho más amplio.
Ha buscado responder una pregunta que nunca fue
contestada durante la estructuración del proyecto:
¿Cuál es la infraestructura que
realmente merece el Eje Cafetero después de haber financiado durante casi
treinta años uno de los corredores concesionados más importantes de Colombia?
El análisis comparativo de los documentos públicos,
de las modificaciones contractuales, de la evolución histórica de la Concesión
Autopistas del Café, de la APP Vías del Bicentenario y de la Iniciativa Privada
Conexión Centro permite arribar a varias conclusiones que difícilmente pueden
ser ignoradas.
La primera es que el nuevo proyecto no puede
evaluarse únicamente por el número de kilómetros construidos ni por el valor
nominal de las inversiones anunciadas.
La segunda es que el verdadero activo económico de
la concesión está representado por el flujo de recursos que durante treinta
años producirán los siete peajes existentes.
La tercera es que la ciudadanía aún no dispone del
modelo financiero completo que permita verificar si la rentabilidad esperada
por el concesionario guarda una relación razonable con la inversión
comprometida y con los riesgos efectivamente asumidos.
La cuarta es que el corredor posee una capacidad
económica que obliga a abrir un debate mucho más ambicioso sobre el alcance
real de las obras que pueden y deben ejecutarse.
Y la quinta, quizá la más importante, es que el Eje
Cafetero tiene la oportunidad histórica de sustituir una concesión concebida
para administrar una carretera por un verdadero Plan Maestro de
Infraestructura Regional capaz de orientar el desarrollo territorial
durante la segunda mitad del siglo XXI.
Una decisión que trascenderá varias
generaciones
Las decisiones que hoy adopten la Agencia Nacional
de Infraestructura, el Ministerio de Transporte y el Gobierno Nacional no
producirán efectos únicamente durante el período contractual.
Definirán la forma como vivirán, producirán y se
movilizarán millones de colombianos durante los próximos cincuenta años.
Definirán el futuro del Paisaje Cultural Cafetero.
Definirán la competitividad del corredor logístico
hacia Buenaventura.
Definirán la seguridad vial de cientos de miles de
usuarios.
Definirán la capacidad de adaptación del territorio
frente al cambio climático.
Definirán la calidad de vida de las ciudades y
municipios que conviven diariamente con esta infraestructura.
Por ello esta decisión no puede reducirse a un
ejercicio financiero entre el Estado y un concesionario.
Debe convertirse en una verdadera política pública
de desarrollo regional.
La infraestructura debe devolverle
valor al territorio
Los peajes no constituyen un fin en sí mismos.
Representan un mecanismo mediante el cual millones
de ciudadanos aportan diariamente recursos para financiar infraestructura
pública.
En consecuencia, cada peso recaudado debe regresar
al territorio convertido en obras verificables, seguridad vial, competitividad,
protección ambiental y bienestar colectivo.
Cuando los ciudadanos pagan peajes durante tres
décadas, el resultado no puede limitarse al mantenimiento de una carretera.
Debe traducirse en una transformación estructural
del territorio.
Ese es el verdadero sentido del modelo concesional.
Un llamado a la transparencia
La Veeduría Cívica Armenia y Quindío considera
indispensable que, antes de adoptar cualquier decisión definitiva sobre la
nueva concesión, la Agencia Nacional de Infraestructura publique integralmente
el modelo financiero del proyecto, incluyendo los estudios de tráfico, la
estructuración financiera, los indicadores de rentabilidad, la distribución de
riesgos y todos aquellos documentos que permitan a la ciudadanía ejercer un
control informado.
La transparencia fortalece las decisiones públicas.
La opacidad las debilita.
Cuando los recursos comprometidos provienen del
esfuerzo de millones de usuarios durante treinta años, el escrutinio ciudadano
no constituye una concesión de la Administración.
Constituye un deber democrático.
Un compromiso con las futuras
generaciones
La Veeduría no presenta este informe únicamente
como un ejercicio de control ciudadano.
Lo presenta como una propuesta de futuro.
Creemos que Colombia puede construir una
infraestructura que combine eficiencia económica, competitividad logística,
seguridad vial, protección ambiental y desarrollo territorial.
Creemos que el Eje Cafetero merece una autopista
regional de clase mundial.
Creemos que los municipios merecen participar de
los beneficios de la concesión y no únicamente soportar sus impactos.
Creemos que el Paisaje Cultural Cafetero puede
convertirse en un referente internacional de integración entre infraestructura
y sostenibilidad.
Creemos que los recursos generados por los siete
peajes deben traducirse en un legado visible para las próximas generaciones.
PETICIÓN FINAL
Con fundamento en los análisis desarrollados en
esta Auditoría Financiera Ciudadana, la Veeduría Cívica Armenia y Quindío
solicita respetuosamente a la Agencia Nacional de Infraestructura, al
Ministerio de Transporte y al Gobierno Nacional:
- Publicar
íntegramente el modelo financiero de la nueva concesión para garantizar la
transparencia y el control ciudadano.
- Revisar el
alcance técnico de la Iniciativa Privada Conexión Centro a la luz de la
capacidad económica que representan los siete peajes existentes.
- Incorporar
un Plan Maestro del Corredor Estratégico del Eje Cafetero 2027–2057,
que incluya las obras estructurales, metropolitanas, logísticas,
ambientales y de seguridad vial identificadas en este informe.
- Garantizar
que la rentabilidad del proyecto sea proporcional a la inversión
efectivamente realizada, a los riesgos asumidos y al interés general.
- Abrir un
proceso amplio de participación pública antes de comprometer el recaudo de
los siete peajes durante un nuevo período concesional de treinta años.
EPÍLOGO
Las grandes obras de infraestructura no
se recuerdan por el monto de la inversión ni por la duración de los contratos.
Se recuerdan por la transformación que producen en la vida de las personas.
Dentro de treinta años nadie preguntará cuánto
costó esta concesión.
La verdadera pregunta será mucho más sencilla:
¿Aprovechó Colombia la oportunidad
histórica de transformar el Eje Cafetero o simplemente prorrogó el recaudo de
siete peajes?
Esa es la decisión que hoy tienen en sus manos
quienes diseñan la infraestructura pública del país.
Y también es la responsabilidad que la ciudadanía,
mediante esta Auditoría Financiera Ciudadana, ha decidido asumir ejerciendo un
control informado, técnico e independiente.
Porque las concesiones terminan.
Los gobiernos cambian.
Los contratos vencen.
Pero el territorio y las generaciones
futuras tendrán que vivir durante décadas con las decisiones que hoy se
adopten.
Treinta años de peajes merecen treinta
años de obras. Ese no es solo el lema de este informe; es el principio de
equidad territorial que debe orientar la nueva generación de infraestructura
del Eje Cafetero.
Una nueva concesión originada por el
territorio, con inversión suficiente, participación privada y excedentes
públicos
Honorables diputados, autoridades departamentales y
municipales, representantes de los gremios, organizaciones sociales y
ciudadanos:
En la primera parte de esta intervención expusimos
que el rechazo de la iniciativa privada denominada Conexión Centro no
puede interpretarse como el rechazo a las obras que necesita el Eje Cafetero.
Por el contrario, ese rechazo debe convertirse en
una oportunidad para estructurar una propuesta mejor: más ambiciosa en sus
inversiones, más transparente en su modelo financiero y, sobre todo,
subordinada a las necesidades del territorio.
La discusión no consiste únicamente en determinar
quién operará la carretera durante los próximos treinta años. Estamos
decidiendo quién controlará uno de los activos económicos más importantes de la
región: el recaudo futuro de siete peajes consolidados, ubicados sobre un
corredor estratégico que conecta el centro del país, el Eje Cafetero y el
puerto de Buenaventura.
1. El corredor podría soportar una
inversión física muy superior
Los ejercicios financieros inicialmente realizados
por la Veeduría mostraron que la inversión cercana a $2,58 billones,
identificada dentro de la propuesta rechazada, resultaba claramente
insuficiente frente al plazo de treinta años, el tráfico consolidado y la
capacidad de recaudo del corredor.
Los análisis comparativos y financieros posteriores
permiten plantear una conclusión más ambiciosa:
La nueva estructuración debería
estudiar seriamente una capacidad de inversión física aproximada de entre $7 y
$10 billones.
No presentamos esta cifra como un resultado oficial
ni definitivo. La presentamos como un rango técnicamente razonable que debe ser
validado mediante el modelo financiero integral que elaboren la ANI, el
Ministerio de Transporte y un estructurador independiente.
El límite inferior, cercano a $7 billones,
corresponde a una meta concesional prudente, compatible con una transformación
sustancial del corredor y con la necesidad de cubrir, además de las obras, la
operación, el mantenimiento, las reposiciones, los impuestos, la financiación y
una rentabilidad privada razonable.
El escenario superior, cercano a $10 billones de
inversión física, podría resultar viable si concurren condiciones como:
·
una
demanda vehicular superior a la estimada inicialmente;
·
menores
costos financieros;
·
una
adecuada distribución de riesgos;
·
aportes
públicos nacionales o territoriales;
·
nuevas
fuentes de ingreso;
·
aprovechamientos
comerciales y logísticos;
·
reinversión
obligatoria de sobreingresos;
·
y
una remuneración privada limitada, competitiva y transparente.
Por eso no debemos caer en dos extremos.
El primer extremo sería aceptar que la región solo
puede aspirar a los aproximadamente $2,58 billones planteados en la
propuesta rechazada.
El segundo sería afirmar, sin modelo financiero,
que los peajes pueden financiar por sí solos cualquier suma.
La posición responsable consiste en exigir una
estructuración abierta que determine cuánto puede financiar efectivamente el
corredor y qué aportes adicionales se requieren para alcanzar el nivel de
infraestructura que necesita la región.
2. Comparativo de concesiones viales
La comparación con otros proyectos nacionales
demuestra que una inversión cercana a $7, $8, $9 o incluso $10 billones
no es una aspiración desproporcionada cuando existen necesidades de
infraestructura complejas y estratégicas.
El proyecto El Estanquillo–Popayán,
recientemente adjudicado en el Cauca, fue anunciado con una inversión cercana a
$8,8 billones para intervenir aproximadamente 101 kilómetros, incluyendo
más de 60 kilómetros de doble calzada, 14 túneles y más de 100 puentes.
El proyecto Buga–Loboguerrero–Buenaventura,
perteneciente al mismo gran corredor hacia el puerto del Pacífico, contempla
inversiones de varios billones de pesos, separando claramente los recursos
destinados a construcción de aquellos requeridos para operación y
mantenimiento.
La concesión Accesos Norte Fase II, pese a
comprender una longitud comparativamente pequeña, presenta una inversión
elevada debido a la complejidad urbana, predial y técnica de sus obras.
La Nueva Malla Vial del Valle del Cauca
demuestra, por su parte, que una concesión puede abarcar extensas redes
existentes, combinando construcción, mejoramiento, rehabilitación, operación y
mantenimiento.
Pacífico 1, Pacífico 2 y Pacífico 3 también
evidencian que las obras en topografía montañosa, con túneles, viaductos,
dobles calzadas, estabilización de taludes y variantes urbanas, requieren
inversiones muy superiores a una simple conservación vial.
Estos proyectos no son idénticos a Conexión Centro
y no deben compararse de manera mecánica. Cada uno tiene longitudes, riesgos,
topografías, tráficos y estructuras financieras diferentes.
Sin embargo, el comparativo permite extraer una
conclusión contundente:
El valor de una concesión no depende
únicamente del número de kilómetros. Depende de la complejidad de las obras,
del tráfico, del recaudo, de la geología, de los riesgos, de los predios, de
los componentes urbanos y del alcance territorial que el Estado decida
incorporar.
Por eso resulta equivocado reducir el futuro del
corredor La Paila–Armenia–Pereira–Manizales a una simple intervención de
mantenimiento o a unas pocas obras aisladas.
Aquí no estamos hablando de una carretera
secundaria.
Estamos hablando del eje que conecta:
·
el
puerto de Buenaventura;
·
el
Valle del Cauca;
·
el
Quindío;
·
Risaralda;
·
Caldas;
·
el
centro del país;
·
zonas
francas;
·
aeropuertos;
·
centros
logísticos;
·
áreas
turísticas;
·
y
ciudades que ya funcionan como un sistema regional interdependiente.
Si la Nación fue capaz de estructurar en el Cauca
un proyecto cercano a $8,8 billones, también debe explicar por qué el
corredor del Eje Cafetero, respaldado por siete peajes existentes y un tráfico
consolidado, tendría que conformarse con una inversión sustancialmente menor.
3. Obras que justificarían una
inversión entre $7 y $10 billones
Una cifra de esta magnitud solamente tiene sentido
si corresponde a un verdadero Plan Maestro Regional y no a una nueva
concesión limitada.
El programa debería incorporar, como mínimo:
Pereira–Circasia–Armenia
La culminación integral de la doble calzada, con
soluciones seguras para los accesos a Circasia, Filandia, Salento y las zonas
rurales.
No basta con ampliar carriles. Se requieren
intercambiadores, retornos seguros, vías de servicio, puentes peatonales,
estabilización de taludes y protección de las comunidades atravesadas por la
vía.
Variante metropolitana de Armenia
Armenia necesita una solución estructural que evite
que el tráfico regional y de carga siga atravesando la ciudad y agravando la
congestión de sus corredores urbanos.
Por lo que se ha denominado Avenida Guayanes y Perimetral del Café.
Armenia–La María-Calarcá–La Línea
Deben mejorarse las conexiones entre Armenia,
Calarcá y el corredor nacional hacia La Línea, incorporando soluciones para el
tráfico pesado, la movilidad urbana y la seguridad vial.
Calarcá–La Paila
Este tramo requiere rehabilitación estructural,
intervención de puntos críticos, mejoramiento de intersecciones y una conexión
más eficiente con el Valle del Cauca.
Corredor logístico El Edén–Zona
Franca–La Tebaida–Calarcá
La infraestructura vial debe articular el
aeropuerto El Edén, la Zona Franca, los centros logísticos y el corredor
nacional, sin trasladar todos los impactos a las comunidades de La Tebaida y el
sur de Armenia.
Obras ambientales y sociales
La nueva estructuración debe incluir:
·
manejo
de aguas;
·
restauración
de áreas intervenidas;
·
protección
de cuencas;
·
pasos
de fauna;
·
mitigación
del ruido;
·
seguridad
peatonal;
·
infraestructura
ciclista;
·
reducción
de emisiones;
·
y
compensaciones territoriales verificables.
Una inversión de $7 a $10 billones no puede
convertirse únicamente en más pavimento. Debe resolver integralmente los
problemas de movilidad, seguridad, conectividad, sostenibilidad y calidad de
vida del territorio.
4. La propuesta final: una iniciativa
pública regional
La principal conclusión de esta Auditoría Ciudadana
es que los departamentos y municipios no deben quedarse esperando una nueva
iniciativa privada.
Los gobernadores y alcaldes de los territorios
atravesados por la vía deben asumir el liderazgo y promover una:
Iniciativa pública regional para la
nueva concesión del corredor La Paila–Armenia–Pereira–Manizales.
Esta propuesta debe construirse conjuntamente con:
·
las
gobernaciones de Quindío, Risaralda, Caldas y Valle del Cauca;
·
los
alcaldes de los municipios del corredor;
·
la
RAP Eje Cafetero;
·
el
Ministerio de Transporte;
·
la
ANI;
·
el
Invías;
·
y
el Departamento Nacional de Planeación.
Debe quedar claro que los gobernadores y alcaldes
no pueden disponer unilateralmente de una vía nacional ni de los peajes
administrados por la Nación.
Pero sí pueden hacer algo políticamente decisivo:
·
definir
conjuntamente las necesidades;
·
aportar
estudios;
·
contribuir
a la estructuración;
·
promover
convenios interadministrativos;
·
gestionar
suelo y predios;
·
proponer
aportes territoriales;
·
y
exigir que la Nación tramite una iniciativa pública construida desde la región.
5. No se propone excluir a los privados
Esta propuesta no busca sacar a los constructores,
operadores, bancos o inversionistas privados.
El sector privado puede y debe participar:
·
financiando;
·
construyendo;
·
operando;
·
manteniendo;
·
aportando
tecnología;
·
y
asumiendo los riesgos que le correspondan.
Pero su papel debe cambiar.
El privado no debería definir unilateralmente
cuánto se invierte, cuáles obras se incluyen y cuánto tiempo controla los
ingresos del corredor.
La regla debe ser sencilla:
El Estado y el territorio planean; el
privado compite para ejecutar.
El privado debe recibir una remuneración justa por
el capital aportado, los riesgos asumidos, las obras construidas y los niveles
de servicio alcanzados.
Lo que no resulta aceptable es entregarle sin
límites todo el crecimiento futuro de los peajes durante treinta años.
6. Recaudo público y remuneración
privada
La propuesta consiste en separar claramente tres
funciones.
Primera: la titularidad del recaudo
Los peajes seguirían siendo ingresos públicos
destinados a la infraestructura vial.
Segunda: la administración de los
recursos
Todo el recaudo debería ingresar directamente a un
patrimonio autónomo o fiducia con destinación específica, control público,
auditoría permanente y publicación de información en tiempo real.
Tercera: el pago al concesionario
El concesionario privado sería remunerado desde esa
fiducia por:
·
las
obras ejecutadas;
·
la
disponibilidad de la vía;
·
el
mantenimiento;
·
la
seguridad vial;
·
la
calidad del servicio;
·
y
el cumplimiento de indicadores.
De esta manera, el dinero no ingresaría
inicialmente a las cuentas ordinarias del concesionario para que posteriormente
el Estado trate de establecer cuánto se recaudó y cómo se utilizó.
El flujo debe ser transparente desde el primer
peso.
7. La utilidad privada debe tener
límites
La rentabilidad privada es necesaria. Sin ella no
habrá inversionistas ni financiación.
Pero debe ser:
·
razonable;
·
competitiva;
·
conocida;
·
verificable;
·
y
limitada contractualmente.
El contrato podría adjudicarse a quien ofrezca la
mejor combinación entre:
·
mayor
inversión;
·
menor
tarifa;
·
menor
plazo;
·
menor
rentabilidad exigida;
·
mejores
niveles de servicio;
·
y
mayor participación pública en los excedentes.
Cuando el concesionario haya recuperado:
·
su
inversión;
·
los
costos eficientes;
·
la
financiación;
·
y
la rentabilidad pactada,
el excedente económico adicional debe volver al
corredor.
8. Reinversión territorial de los
excedentes
Si el tráfico supera las proyecciones y el recaudo
resulta mayor al esperado, ese crecimiento no debería convertirse
exclusivamente en utilidad privada.
Los excedentes deberían destinarse a:
·
nuevas
obras;
·
mantenimiento
extraordinario;
·
estabilización
de taludes;
·
accesos
municipales;
·
reducción
de tarifas;
·
tarifas
diferenciales para residentes;
·
seguridad
vial;
·
mitigación
ambiental;
·
y
obras complementarias regionales.
También debería establecerse que, si el
concesionario alcanza anticipadamente el ingreso o la rentabilidad contractual:
·
termine
el contrato;
·
se
reduzcan los peajes;
·
los
recaudos posteriores se destinen íntegramente a inversión pública.
No tiene sentido mantener una concesión durante
treinta años si el capital privado ya fue recuperado y remunerado mucho antes.
9. Ruta institucional propuesta
Por eso proponemos que los gobernadores y alcaldes
adopten una hoja de ruta inmediata.
Primero Conformar una mesa política y técnica regional.
Segundo Suscribir
un convenio interadministrativo para estructurar el Plan Maestro del corredor.
Tercero Solicitar formalmente a la ANI y al Ministerio de
Transporte que la próxima concesión sea de iniciativa pública.
Cuarto Contratar un estructurador independiente, sin
vínculos con posibles futuros concesionarios.
Quinto Elaborar y publicar los estudios de:
·
tráfico;
·
ingeniería;
·
geología;
·
predios;
·
ambiente;
·
capacidad
de recaudo;
·
CAPEX;
·
OPEX;
·
riesgo;
·
financiación;
·
rentabilidad;
·
y
evaluación socioeconómica.
Sexto Someter el proyecto a audiencias
territoriales antes de cerrar su alcance definitivo.
Séptimo Adjudicar
la concesión mediante una licitación pública en la cual gane la mejor propuesta
para la región, no la propuesta más rentable para un originador privado.
10. Solicitud a la Asamblea
Departamental del Quindío
Solicitamos respetuosamente a esta Asamblea:
- Convocar a
la Gobernación del Quindío, los municipios, la ANI y el Ministerio de
Transporte a una mesa pública sobre el futuro del corredor.
- Promover
una declaración institucional en favor de una iniciativa pública regional.
- Solicitar
la publicación completa de los estudios y del modelo financiero de la
propuesta rechazada.
- Exigir que
la nueva estructuración evalúe una inversión física aproximada de entre $7
y $10 billones.
- Solicitar
que el recaudo de los siete peajes ingrese a una fiducia pública y
auditable.
- Proponer
una rentabilidad privada limitada y mecanismos de reinversión de los
excedentes.
- Garantizar
que el Quindío participe desde el inicio en la definición de las obras y
no sea llamado únicamente a socializar decisiones ya adoptadas.
Cierre
Honorables diputados:
El rechazo de Conexión Centro no debe dejarnos sin
proyecto.
Debe permitirnos construir un proyecto mejor.
No queremos excluir al sector privado. Queremos que
participe bajo reglas públicas, transparentes y competitivas no tan regresivas
para los usuarios.
No queremos que los peajes desaparezcan del
análisis financiero. Queremos que se conozca cuánto recaudan, cuánto cuesta
operar la vía, cuánto recibe el inversionista y cuánto debe volver al
territorio.
No queremos que los alcaldes y gobernadores sean
simples espectadores de la próxima propuesta privada. Queremos que sean los
promotores de una iniciativa regional que represente las necesidades de sus
comunidades.
El Eje Cafetero debe dejar de recibir únicamente
las obras que un originador privado considera rentables.
Debe definir primero las obras que necesita y luego
convocar al mejor privado para ejecutarlas.
Participación privada, sí; apropiación
ilimitada del recaudo, no.
Rentabilidad razonable para el
inversionista; excedentes y utilidad social para la región.
El privado puede construir y operar,
pero la renta del corredor debe volver al corredor.
Treinta años de peajes merecen una
inversión de verdadera escala regional.
Treinta años de peajes merecen una
concesión originada por el territorio, controlada por lo público y ejecutada
con la mejor capacidad privada.


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